Monthly Archives: December 2011

El Intruso review by Sergio Piccirilli

Harris Eisenstadt – September Trio (CF 229)
Aprovechemos el otoño antes de que el futuro se congele y no haya sitio para la belleza (Mario Benedetti)

El baterista y compositor canadiense –hoy radicado en Estados Unidos- Harris Eisenstadt, se ha ganado por mérito propio un lugar de privilegio en el firmamento jazzístico del nuevo milenio. En la médula de su actual ideario estético confluyen, hasta formar un corpus creativo de infrecuente calidad y coherencia artística, su quinteto Canada Day (junto a Nate Wooley, Chris Dingman, Eivind Opsvik y Matt Bauder), el noneto corporizado en el magnífico álbum Woodblock Prints de 2010, el recientemente constituido Harris Eisenstadt Octet (una versión ampliada de Canada Day con Garth Stevenson en lugar de Opsvik más el agregado de Ray Anderson en trombón, Dan Peck en tuba y el saxofonista y clarinetista Jason Mears, cuyo debut discográfico está proyectado para el primer semestre de 2012), sus cardinales aportes en el Convergence Quartet, en Jessica Pavone’s Army of Strangers, en el Nate Wooley Quintet y en la Wadada Leo Smith’s Silver Orchestra y un proyecto -aún en ciernes- denominado Harris Eisenstadt’s Chicago Chambers en donde aparece asociado -entre otros- al trombonista Jeb Bishop, el clarinetista James Falzone,la fagotista Sara Schoenbeck y el contrabajista Nate McBride. En 2011, además de ratificar la vigencia de todos los proyectos mencionados, Harris Eisenstadt también presento -en compañía de la pianista Angélica Sánchez y el saxofonista Ellery Eskelin- el álbum que hoy nos ocupa: September Trio. Septiembre es el noveno mes del año en el calendario gregoriano y tiene treinta días. Este último no es un detalle menor ya que si usted tiene previsto dejar de fumar o iniciar esa dieta (tantas veces postergada) o retomar sus viejos estudios universitarios un 31 de septiembre, las probabilidades de éxito serán relativamente bajas. Sin embargo, a modo de compensación, ese día parece bastante apropiado para… no sé… contraer enlace matrimonial, pagar todas nuestras deudas o invitar a cenar a nuestro peor enemigo para limar asperezas. Por citar unos pocos ejemplos… La raíz etimológica de septiembre deriva del latín septimus debido a que, en origen, era el séptimo mes del calendario romano. Cabe recordar que el calendario romano comprendía diez meses –de marzo a diciembre- por lo tanto en aquellos tiempos uno podía acostarse la noche de un treinta y uno de diciembre -después de una abundante ingesta alcohólica- y levantarse (fresco como una lechuga) el primero de marzo… Algo que, por cierto, me ha ocurrido en un par de ocasiones pero con el actual calendario de doce meses. Entre las particularidades de septiembre podemos mencionar que es una de las dos épocas del año (la otra ocurre en marzo) en la que tiene lugar el equinoccio -momento del año en que los dos polos de la Tierra se encuentran a igual distancia del sol haciendo que el día y la noche tengan la misma duración-. Este fenómeno, que ocurre alrededor del 22 de septiembre, determina que en el hemisferio sur se pase del invierno a la primavera durante el equinoccio vernal y que en el hemisferio norte marque el cambio del verano al otoño en ocasión del llamado equinoccio otoñal. Lo cierto es que con la llegada del otoño llegan los días grises y destemplados; las hojas se vuelven amarillentas hasta secarse y caer ayudadas por el viento y así nos va envolviendo una sensación de nostalgia, soledad, melancolía e incluso un vago romanticismo se va apoderando de nosotros…  Aclaro que cuando relaciono “nosotros” con romanticismo lo hago en sentido figurado, ¡eh! Es decir, yo aquí abstraído por mis viriles recuerdos de viejas conquistas amorosas y usted allá lejos mustio, macilento, rodeado de hojas secas, lloriqueando solito y pensando en… bueno, sólo espero que no sea en mí. De regreso al álbum September Trio podemos inferir que la ilación implícita en el título con el mes que da inicio al otoño en el hemisferio norte no tiene un carácter mimético, imitativo o de mera representación de la realidad per se, sino que utiliza algunas de las características asociadas al período otoñal para impulsar –desde lo figurativo- una actividad lúdica con carácter creativo que va dibujando un perfil estético sutil, taciturno, espacioso, deliciosamente asequible y de nostálgico romanticismo. En September Trio, esa alusión al romanticismo se acentúa por el temperamento rapsódico de las piezas que lo integran; ya que sus diferentes segmentos están unidos libremente y sin relación entre sí -a la manera de una rapsodia tradicional- y también por su perfecta adecuación a la procedencia etimológica del vocablo “rapsodia” (término que deriva de las voces griegas rhaptein y aidein que unidas significan “canción ensamblada”). No obstante, Harris Eisenstadt utiliza aquí ese modo rapsódico –tan propio del romanticismo- para integrar a la composición y la improvisación en un mismo plano sonoro. Otros de los factores distintivos del álbum son la tendencia a construir un testimonio musical mayormente apoyado en un estilo muy próximo a la balada rubato (con cambios de tempo a criterio de los solistas), la deliberada circunscripción del material compuesto a nivel de un simple boceto (fundado en leves trazos melódicos y estructuras armónicas mínimas) que termina oficiando como hoja de ruta para las improvisaciones y, por último, la utilización de una paleta sonora que no sólo se nutre de la infrecuente alineación tímbrica de saxo/batería/piano sino también –y muy especialmente- de la fuerte personalidad e indiscutibles cualidades de los instrumentistas intervinientes.       Harris Eisenstadt, en otro –bienvenido- ejercicio de elusión de obviedades y lugares comunes, identifica numéricamente a cada una sus piezas evitando así recurrir a títulos banales como “Otoño en New York sin ti”; de índole fútil como “El otoño prepara el solemne adagio de tus ardientes besos”; usando metáforas del tipo “En otoño las hojas se secan pero nuestro amor florece como un potus” o de carácter eminentemente pragmático al estilo de “Cuando las hojas caen en otoño… ¡hay que barrerlas!”. Desde la apertura, con September 1, el trío busca producir emoción con lo mínimo posible a la vez que lo bocetado desde la partitura se manifiesta claro y conciso sin que ello actúe en demérito de las reconocidas cualidades compositivas de su autor. En un contexto donde se diluyen los límites fronterizos entre el material escrito y la improvisación van acoplándose con naturalidad la definida personalidad estilística del saxo tenor de Ellery Eskelin, los económicos acentos de la batería de Harris Eisenstadt y los adornos de orfebrería que dibuja el piano de Angélica Sánchez hasta consolidar una estética en la cual se hermanan abstracción y lirismo. Un escrupuloso preludio en piano marca el camino para una plácida y serena interpretación de September 2, que evoluciona con claridad hasta alcanzar un plano estético deliciosamente abstruso y evanescente. El espacioso romanticismo que emana de la partitura de September 3, es interceptado por etéreos pasajes de improvisación en donde el piano de Angélica Sánchez parece ocupar el centro de la escena con sobresaliente autoridad. En tanto que el oblicuo alegato de September 4 sorprende por su economía de medios, la fluidez expresiva y también por un remate del clímax dinámico deliberadamente inconcluso. Los notables motivos de September 5 nos sumergen en una línea melódica tan simple y minuciosa como de innegable factura y belleza, nítidamente realzada por las atrapantes cadencias que construye la batería de Harris Eisenstadt, los inmejorables ornamentos que provee el saxo tenor de Ellery Eskelin, la descollante intervención solista de Angélica Sánchez en piano y una especie de coda en miniatura que nos deposita con placidez en el motif fundacional de la pieza.   Un extenso y laudable solo en saxo tenor a cargo de Ellery Eskelin, oficia de introducción al único tema incluido aquí que no fue concebido para este proyecto en particular sino para el quinteto Canada Day: September 6. Esto se traduce –sin apartarse en demasía del clima sosegado que caracteriza al álbum- en una mirada al jazz arcaico desde una perspectiva camerística, un mayor énfasis en la resolución dramática que en el resto de las piezas y en soliloquios instrumentales más explícitos y efusivos en donde la -siempre prolija y detallista- batería de Harris Eisenstadt tiene un particular destaque sin necesidad de recurrir al solo. El cierre, con September 7, recorre una impronta de mayor complejidad estructural pero sin artificios innecesarios ni apartándose de los climas mesurados y la sobriedad formal que identifica al trío. Harris Eisenstadt, en September Trio, oferta un testimonio musical suave, cautivador, circunspecto y delicado. Mucho más próximo al gesto leve que a la mueca ampulosa y menos proclive a perseguir la grandiosidad de lo sublime que a la búsqueda por alcanzar la serena belleza de las pequeñas cosas.

Lo sublime ha de ser siempre grande, lo bello puede ser también pequeño (Immanuel Kant)
http://elintruso.com/2011/12/22/harris-eisenstadt-september-trio/

JazzWrap review by Stephan Moore

The Ames Room – Bird Dies The Ames Room (CF 231)
Power trios come with various sounds and sizes. The Ames Room may be small but their sound is bold and forceful. This French/Australian trio lays into you like the first time you got beat up as a kid. It’s sheer brute force and once you finally give in there is this little blissful nature that sets in. The feeling that this might be all there is left for you. But The Ames Room help you realize there’s more inside the noise than you realize.

The Ames Room have only been on the scene for a short time (since 2007) but have crafted a sound that is blistering and beautiful. Fans of Vandermark, Gustafsson, Haker Flaten and Nilssen-Love are sure to gravitate to the trio’s new album, Bird Dies (Clean Feed). This one piece live recording follows up where their debut, IN (Monotype Records; 2010), left off–a full frontal attack of chords against the borders of a genre.

There’s no build up here. The Ames Room make their statement known from the first note. They come out of the gates ripping forward like Gustafsson’s The Thing in mid-performance. The staccato drums, breakneck sax and suffocating basslines that dominate the first 15 minutes of the piece are impressive for the duration as well as the stellar delivery.

The gears shift only slightly around the 23min mark. Guionnet’s takes the lead but is challenged perfectly by Guthrie’s cascading patterns. Meanwhile Thomas paints a small rhythm in the background. There are moments just after the half hour mark that remind of Ornette Coleman’s Change Of The Century. A calm descends on the closing ten minutes only to be resurrected to the opening salvo of white noise which cuts deep then comes full-stop.

The audience at this performance was probably left in awe. You can only briefly feel it from low volume mic on the audience. But make no mistake The Ames Trio is building a following and will leave an indelible mark on your senses. Bird Dies is challenging music but isn’t that what music is all about?
http://jazzwrap.blogspot.com/

Ni Kantu Best of 2011 by Clifford Allen

All of these are listed in alphabetical order, by the way, because internal list hierarchies are troubling.

New Releases:
- Nate Wooley – (Put Your) Hands Together (Clean Feed)
– Muhal Richard Abrams – Sound Dance (Pi Recordings)
– Anthony Braxton – Trillium E (Braxton House)
– Bill Dixon – Envoi (Victo) Agusti Fernandez – El Laberint de la Memoria (Mbari Musica)
– Rick Reed – The Way Things Go (Elevator Bath)
– Akira Sakata with Jim O’Rourke and Chikamorachi – …and that’s the Story of Jazz (Family Vineyard)
– Matthew Shipp – Art of the Improviser (Thirsty Ear)
– The Thirteenth Assembly – Station Direct (Important)
– David S. Ware – Planetary Unknown (Aum Fidelity)
http://cliffordallen.blogspot.com/

Top ten new releases for 2011 by Tim Niland (Music is More)

10. Greg Ward’s Phonic Juggernaut (Thirsty Ear)
Hard hitting trio for sax, bass and drums. This is tough, gritty and strong music that deserves an audience; it’s potent stuff.
9. Rudresh Mahanthappa – Samdhi (ACT)
Samdhi looks forward to new vistas in Mathanhappa’s all-encompassing musical vision. Combining multi-cultural music and looking at jazz in a fresh direction, he has created a unique synergy of music that is fresh and exciting.
8. Darius Jones & Matthew Shipp – Cosmic Lieder (AUM Fidelity)
This was a masterful performance from the two musicians – one an established master himself, and another on his way to becoming one. Jones and Shipp’s Cosmic Lieder is the aural equivalent to a dark and stormy night. Short, stark ideas collide like in a particle accelerator, and the brief nature of the performances just adds to their pointedness.
7. David S. Ware – Planetary Unknown (AUM Fidelity)
You can chart Ware’s lineage in the depth and strength of the music, from a young devotee of Sonny Rollins and Albert Ayler, to a loft scene veteran developing his own unique sound to an esteemed elder statesman and master improviser and instrumentalist, Davis S. Ware is one of a kind and every note is a treasure.
6. BB & C – The Veil (Cryptogramophone)
BB and C is a cooperative group consisting of alto saxophonist Tim Berne, drummer Jim Black and guitarist Nels Cline. This was a very exciting and continuously engaging album to listen to, moving between avant-garde squalls of noise and abstract passages of sound sculpture.
5. Matt Lavelle – Goodbye New York, Hello World (Musicnow)
This album was very well planned out and executed, with both the duo and full band tracks succeeding well. Fans of progressive jazz are urged to check this out soon.
4. Steve Reid, Kieran Hebden and Mats Gustafsson – Live at the South Bank (Smalltown Superjazz, 2011)
Shifting from dark and brooding textures to exciting, heavy and powerful features, the double album unfolds in a continuous suite waxing and waning like the unstoppable tide. This unique and fascinating performance is highly recommended for progressive jazz and rock fans.
3. Matthew Shipp – Art of the Improviser (Thirsty Ear)
The power of the piece comes from the juxtaposition of heavy with light, much like the recent work of Ahmad Jamal. This was an excellent set that is highly recommended to anyone looking for the state of the art in jazz piano.
2. World Saxophone Quartet – Yes We Can (Jazzwerkstatt)
The musicians play with great authority throughout this very exciting album, showing that regardless of the passing of time and the changing of lineups, the WSQ remains a powerful force in jazz.
1. Mostly Other People Do the Killing – The Coimbra Concert (Clean Feed)
What makes the band so much fun to follow is the impish delight they take in making music, from the delightful spoof covers to wryly quoting famous jazz songs amidst their original compositions. But make no mistake, their music is taken seriously and played with a very high degree of competence.
http://jazzandblues.blogspot.com/

Music is More reviews by Tim Niland

Tony Malaby – Novela – arr. by Kris Davis (CF 232)
Looking both forward and backward, saxophonist and composer Tony Malaby revisits some of his earlier compositions in a new setting, a nonet arranged by up and coming pianist and arranger Kris Davis. The larger band allows for a much wider palette of colors, and Davis uses them very well from tuba and bass clarinet at the low end to soprano saxophone at the high end. This cornucopia of shading and texture brings a new level of detail to the compositions, and there is a palpable sense of discovery in the musicians playing. Besides Malaby and Davis, the band consists of Andrew Hadro on baritone saxophone, Ben Gerstein on trombone, Dan Peck on tuba, Joachim Badenhorst on bass clarinet, John Hollenbeck on drums, Michael Attias on alto saxophone and Ralph Alessi on trumpet. Highlights are the music are many but the leadoff track “Floating Head” (one of my favorites from the Tamarindo LP) begins with ominous low-sounding horns. Developing into a theme filled with musical color, strong full band make way for a ripe saxophone solo accompanied by bright sounding piano. Soprano saxophone, and a strong rhythm section juxtapose low tones against strong trumpet. “Floral and Herbaceous” has a slower and question feel, looking for musical answers amongst the silence. Building a raw, guttural saxophone feature and playing if off against percussion and other horns gives the music great texture and context. A slower movement builds to an intense section that leads to an unsettling conclusion. Saxophone and percussion flutter at the beginning of “Warblepeck” contrasted by a cartoon-ish percussion or electronics (hard to tell which.) The horns and reeds develop a near march like feel that is worldly, colorful and a lot of fun. Slow and spacious, “Mother’s Love” is the ballad of the set with horns and saxes set afloat in spacetime. Haunted, rolling bass clarinet and bells keep the music subtle. This was a very interesting work, allowing the listener to not only hear the talents of this excellent group of musicians, but learn about Malaby as a composer and especially Davis as an arranger of considerable talent. Hopefully someday soon she will get a grant to allow her to develop a big band project all her own.
http://jazzandblues.blogspot.com/

Le Son du Grisli review by Guillaume Belhomme

The Ames Room – Bird Dies (CF 231)
Après s’être souvenu sur In de concerts donnés à Niort et à Poznan, The Ames Room voit publiée sur Clean Feed une équation singulière : The Ames Room in Lille = Bird Dies. L’enregistrement date du 10 mars 2010 et renferme une pièce unique. Elle est, il va presque sans dire, recommandable à plus d’un titre.   Sur Bird Dies donc, l’association Guionnet / Thomas / Guthrie enfonce le clou à coups de bec, d’archet et de baguette : d’une pratique musicale wisigothe, d’une épreuve d’endurance et d’intensité, d’une scansion répétitive qui trouve son salut dans l’accident, d’un jeu de dupes enfin auquel se livre, bonhomme, la réunion de trois boutefeux.   D’abord, l’alto de Guionnet bute : ses partenaires filtrent ses premiers motifs (frappes joueuses de Guthrie) ou les lui renvoient au visage (claques assénées par Thomas sur contrebasse-catapulte). Là, Guionnet esquive et, obstiné, décide d’un autre plan : comme en un jeu de briques il fait tourner ses phrases courtes de degré en degré jusqu’à ce qu’elles s’imbriquent dans le mur épais que le trio élève. Qui impressionne, une fois terminé, à en croire le nombre d’oiseaux inertes retrouvés à son pied.
http://grisli.canalblog.com/archives/2011/12/09/22927091.html

San Diego Reader review by Robert Bush

Bobby Bradford Mark Dresser Glenn Ferris – Live in LA (CF 241)
LA trumpeter/cornetist Bobby Bradford is a living legend of free jazz music. He grew up in Fort Worth, Texas and played with childhood friend Ornette Coleman, eventually replacing Don Cherry in Coleman’s quartet years later, after a stint in the Air Force, and the move to California.   He enjoyed a long and fruitful association with reed master John Carter, another Texas transplant, that lasted until Carter’s death.

Glenn Ferris began playing trombone as a professional in the ahead-of-its-time Don Ellis Orchestra in 1968, when he was just 18. In 1972, he went out on the road with Frank Zappa, and ultimately landed in France, where he continues to teach and play presently.   Mark Dresser first played with Bradford in the early ’70s, in a group with David Murray on saxophone and James Newton on flute, helmed by future music critic/drummer Stanley Crouch. He moved to Italy via a Fulbright Fellowship to study with Franco Petracchi, then to New York for 18 years playing with Anthony Braxton and other leaders of the free jazz continuum, before returning to San Diego to teach at UCSD.   Live In LA represents a sublime collaborative effort between three master musicians at the top of their game. All of these guys share a very strong rhythmic component–allowing them to breathe together as a unit despite the absence of drums. Indeed, Dresser performs a sort of double duty–keeping time not only through the surety of his bass line flow, but also with well-timed percussive effects that drive the pulse forward.   Dresser’s “For Bradford,” opens the disc, and the polyphony of the two horns over the shifting metrics of the bass is well established when Ferris muscles to the front with bluesy repetitions and swinging lines, soon joined by the fat, smearing remarks of Bradford. They solo together, then suddenly Dresser surfaces with his trademarked double-glissandi and chromatic strumming.   “In My Dream,” an original by the trombonist, begins with a fanfare like melody, and when Dresser breaks into straight “time” playing, the results are ecstatic, opening up a bed of support for Ferris’ ebullient, swinging solo.   On “Pandas Run” and “Bamboo Shoots,” the three players create remarkably cogent, on-the-spot group improvisations that bear the same weight as the more composed material. Bradford lays out long lines of chromatic sequences, then rests, as Ferris takes over with burring, slurring commentary. Dresser’s bass is always muscular and adroit, and his hands are so powerful, he occasionally makes his strings sound like rubber-bands about to snap.   “Bbjc,” by the bassist, opens with Bradford and Ferris engaged in echoing lines while Dresser alternates between furious walking, shifting pedal tones and brief moments of violent string slapping. Bradford and Ferris solo in tandem– the trumpeter’s insistent trills often drawing short bursts of multiphonics from the trombone in reply. Bradford even whips out the plunger-mute for some gutbucket discourse–a true aural delight.
http://www.sandiegoreader.com/weblogs/jam-session/2011/dec/21/bobby-bradford-mark-dresser-glenn-ferris-live-in-l/