Cuadernos de Jazz review by Jesús Gonzalo

Kris Davis - AERIOL PIANO (CF 233) ****
El sello portugués no se caracteriza precisamente por disponer de una nutrida lista de pianistas, pongamos por caso comparativo ECM, discográfica que, quizá por su más de 40 años a la espalda y por la propia idiosincrasia de su fundador, siempre se preocupó por establecer puentes entre la música clásica y la improvisación. Este hecho diferencial, habría que analizar con más detalle su por qué, contrariamente a lo que supondría en cuanto a prestigio y comercialmente, le ha permitido respaldar iniciativas instrumentales que en buenas manos han lanzado a Clean Feed a la cabeza del interés creativo del jazz del momento. Es más, así de memoria, y reciente, sólo dos pianistas mujeres, las dos con treinta y pocos, han entregado un disco a piano solo. Aeriol Piano quedaría enmarcado como producto en estudio y por plazos junto, al menos, tres publicaciones más. Cuestión que sirve para sopesar el alcance de una propuesta pianística que se significa, como las otras, en la creación jazzística contemporánea. Nos referimos, y empezamos con la pianista sugerida antes, a las de Angelica Sánchez en A little house, Agustí Ferández en El Laberint de la Memòria y Avenging Angel de Craig Taborn.

En un estudio comparado con el disco de Sánchez vemos aquí una menor dispersión temática y, digamos, una mayor solvencia técnica enfocada de manera menos plástica- naïf y bluesy. En cuanto al de Agustí Fernández aquí lo que nos interesaría es ver las distintas aplicaciones técnicas que se ejecutan (que incluyen piano preparado), porque mientras que para el pianista mallorquín esa elección esta íntimamente ligada a un discurso narrativo que preconfigura el resultado, no parece ser el caso que nos ocupa. Por último, cuestión que parecía inevitable por cercanía en el tiempo, este disco ha sido objeto de comparaciones (también empezamos así este artículo refiriéndonos a los sellos) con el relevante (aunque sigue dejando ciertas dudas) debut de Taborn en ECM. La cualidad pianística en ambos es incuestionable, pero entre la frondosidad ora concentrada ora espaciada de uno, resalta en Davis una construcción menos impulsiva, más detallista y un léxico más claramente inducido por autores contemporáneos.

Y esto, que se ve reflejado en Different kind of sleep, viene dado por la predilección por un autor como Morton Feldman, mientras que en Taborn, y también ahora hablamos de memoria auditiva, veíamos parentesco con el piano de György Ligeti. Ambos, eso sí, manejan supuestos técnico-estílisticos que son una síntesis de muchas otras referencias previas (Cecil Taylor, John Cage, Andrew Hill) que apreciamos en una articulación parecida entre ambos en Good Citizen (título de su único trabajo a trío con bajo y batería) y en Beam the eyes, donde los bloques de acordes en ex-tensión cambiante vienen dados por irrupciones y figuras reiteradas, todo ello construido desde una dimensión percusiva del instrumento.

Uno de los estudios para piano finales de Ligeti, a modo de bosquejo, parece inspirar el principio circular (mano izquierda) y contemplativo (derecha) del breve Stone. El trabajo de volúmenes y el rastro tímbrico, entre sombras y lloviznas (aquí nos recuerda a Agustí Fenández), se sugiere en The Last Time. El piano preparado en Saturn Return (tema que da para mucho analizar y disfrutar por su imaginativa construcción y capacidad evocativa) invita a viajar (como ya a John Cage a principios de 1940 en sus Sonatas e Interludios) a latitudes distintas (Bali), introduciendo luego fuertes contrastes de volumen y materia que no sustraen esa posibilidad viajera. Un corte antes, abriendo el disco y de forma aislada, el único standard, un All the Things you are sencillamente inédito e impagable, fuera de tópicos, atraído hacia una lectura disociativa del centro melódico e impulsada en su planteamiento argumental por Keith Jarrett.

Al fin, no sabemos muy bien la razón de por qué tanto este magnífico trabajo como el de Taborn no llegan a nuestro parecer a la máxima puntuación. Dejamos la quinta estrella a esa apreciación quizá inconsciente en la que el orden de los “sucesos” cobra pleno sentido.

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