Daily Archives: November 4, 2008

Toma Jazz review by Yahvé M. de la Cavada

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Every Woman Is A Tree – Angles (CF 112)
No ha pasado nada concreto, o quizá si, y no he reparado en ello. La cuestión es que no estoy en mi mejor momento. Quizá es tristeza, hastío o un poco de la tan veces romántica, pero siempre amarga, melancolía. Mis movimientos se han vuelto más lentos, más cansados. En definitiva, tengo ganas de rendirme por hoy, de bajarme del día y esperar a que venga otro, mas clemente.

Mi desidia y yo subimos a mi coche; nos esperan unos cuantos kilómetros por delante y uno de mis rituales favoritos, escuchar música mientras conduzco, ni siquiera me apetece. De forma automática pongo un CD anodino que se limite a ocupar el silencio, o más bien, a tapar el zumbido que emiten el coche y mi tarde seca.

En un momento dado, la música empieza a fundirse con el ruido de fondo y decido no devaluar aún más lo que suena. En un alarde de autodisciplina, cosa muy poco habitual en mi, decido adelantar trabajo y dar una primera escucha a algún disco que tengo pendiente de reseñar. Después de todo, una primera toma de contacto es algo muy básico en el proceso de valoración, y dadas las circunstancias, me resulta saludable concentrarme en algo, aunque sea forzándome a mi mismo.

Veamos… Every Woman is a Tree. Mmmm, buen título y buena portada. Un sexteto liderado por Martin Küchen, saxofonista desconocido para mí que, además, firma todas las composiciones. Los nombres de éstas suenan comprometidos, refiriéndose a la ecología, la paz o la descarnada sociedad en la que vivimos. En un vistazo rápido veo que en el interior de la carpetilla se explaya a gusto sobre estos y otros temas de forma clara, directa e inteligente.

Entre los músicos hay tres nombres destacables: Magnus Broo, Mattias Ståhl y Kjell Nordeson. Todos ellos traen cantidad de buenos recuerdos para cualquier oyente iniciado en la escena europea actual, aunque su presencia garantiza la calidad y el interés, no la dirección y el estilo que tomará la música. Pero eso es lo de menos, mi mente está preparada para cualquier embestida acústica, y sabe desconectar rápidamente, si acaso fuese necesario.

Una nota sostenida con arco en el contrabajo precede y envuelve algunas frases del saxo alto. Suena solemne, pero fresco; no está mal. Entonces entra el vibráfono, y la pieza se va intensificando lentamente hasta que entra el sexteto. Y suena cada vez mejor.

Con el grupo acompañando desde una estética postfree, el trombonista comienza a improvisar. El solista es capaz, aunque no particularmente elocuente, pero la banda que tiene detrás es fantástica y trepidante y poco a poco el solo se vuelve parte de una improvisación colectiva, aunque controlada.

De alguna forma, mi ánimo está levantándose, principalmente porque mi atención no puede despegarse de lo que suena. Comienza el segundo tema y una vez mas, el contrabajo abre la pieza, esta vez con un solo reflexivo y espiritual que desemboca en un dibujo que se repite obsesivamente. Küchen y Ståhl se van introduciendo en el tema y un aura hipnótica emana de los arreglos, a medida que la composición crece y crece.

Ahora estoy preso de una euforia callada, mi cuerpo se mantiene en tensión y la desidia se ha extinguido. ¿Quién dudó del poder curativo de la música? Para almas adormecidas no hay nada mejor.

Espero unos segundos a que empiece el tercer tema y temo que la cosa decaiga, pero no. Un riff a la Mingus tocado por los vientos estalla con la entrada del contrabajo y la batería. La euforia se desata. He perdido el control y me veo cabeceando rítmicamente sin poder evitar sumergirme en esta música intensa y gloriosa.

El resto ya da igual. Desde ese momento, lo único que me importa son los sonidos que invaden mi cabeza. Lo que fuese que me oprimía se ha evaporado y me ha dejado a solas con una experiencia musical de primera categoría. Podría hablar de solos excelentes y de arreglos fantásticos, pero sería como intentar fotografiar una tormenta.

Sin lugar a dudas, Every Woman is a Tree es uno de los discos del año. Una grabación que infecta al oyente y toma el control de su mente desde el principio hasta el fin. Suena espiritual y sexual, a Coltrane, Mingus y en definitiva, al sonido del puñetero planeta palpitando bajo mis pies.
http://www.tomajazz.com/discos/breves.php?d=2008-10-01#every_woman-tree

Toma Jazz review by Yahvé M. de la Cavada

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Poetry In Motion – Conference Call (CF 118)
Poetry In Motion podría ser el mejor disco del grupo Conference Call. O puede que no, pero la cuestión es que tras una primera escucha, esa es la sensación que queda.

Con la formación aparentemente estable desde hace unos años (George Schuller es el batería oficial, aunque le precedieron Matt Wilson y Han Bennink y Gerry Hemingway le ha sustituido en alguna ocasión), el grupo parece cómodo y relajado, comunicándose a un nivel espectacular. Esa parece la base de la banda y de la música que toca: la extraordinaria comunicación entre ellos. Todos los temas parecen tremendamente abstractos y sin embargo están muy definidos. Pero lo que es más importante, los músicos alcanzan ese estado de gracia en el que parece que todos tocan completamente a su aire y sin embargo, escarbando en los sonidos, uno puede percibir la sintonía que les hace imprescindibles a todos ellos.

Gebhard Ullmann, nombre básico del jazz y la vanguardia europea, posee un sonido pleno pero flexible al tenor y etéreo pero contundente al clarinete bajo. Así, consigue el difícil objetivo de sonar diferente según la pieza, no sonando a nadie en concreto. Michael Jefry Stevens tiene desde hace años un grupo con Joe Fonda, con lo que es natural que se entiendan a la perfección, y su estilo abierto y lírico es necesario para la música. Concentrándose en la parte media y aguda del teclado, recurre en ocasiones a armonías enriquecedoras y patrones percusivos que se repiten obsesivamente. Su papel es quizá el más impresionante puesto que, seguramente sin pretenderlo, desvía la atención del oyente hacia su piano en todo momento.

Pero Poetry In Motion es una obra coral, porque todos tocan en todo momento para todos y al final, es imposible disfrutar exclusivamente de lo que hace uno de ellos. Por ejemplo, George Schuller parece tener un papel secundario por lo aéreo y sofisticado de su toque, pero poco a poco se revela como una de las claves de la banda. Y no nos olvidemos de Fonda, con esas líneas poderosas e inspiradas que zigzaguean envolviendo a sus compañeros.

Además, las composiciones tienen la misma cualidad que los músicos: la de lograr una unidad ilusoria, teniendo en cuenta lo variado de la propuesta. Hay cientos de matices entre ellas y caracteres muy diversos pero, curiosamente, Poetry In Motion suena compacto, indeleble, capaz de soportar el juicio de los oídos más exigentes.

Quizá es por el resultado, orgánico y atemporal, o porque simplemente, lo firman cuatro nombres de un talento extraordinario. En definitiva, es una música inclasificable que navega entre la libertad más pura y el sentido más definitivo.

Poetry In Motion. Ahora que lo pienso, visto así, es mucho más que el nombre de un tema o el título del CD. Es toda una definición.
http://www.tomajazz.com/discos/breves.php?d=2008-10-01#poetry_in_motion-conferen

All About Jazz review by Troy Collins

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Fight the Big Bull – Dying Will Be Easy (CF 108)            
Based in Richmond, Virginia, guitarist Matt White’s Fight the Big Bull is a prime example of how the information age has leveled the playing field for artists outside major metropolitan areas. Originally a self-released demo, Dying Will Be Easy is now available from the illustrious Portuguese label Clean Feed. One listen to the ensemble’s debut and it’s easy to see why they’ve garnered so much attention; Fight the Big Bull has great potential.

With informative liner notes by Sex Mob’s Steven Bernstein, White’s nonet offers a brief (31 minutes) but powerful program of four tunes that encapsulate a wealth of historical influences. The brass heavy ensemble channels the swaggering bluster of Duke Ellington, while exuding an evocative Mediterranean vibe, akin to Charles Mingus’s groundbreaking 1963 album The Black Saint and the Sinner Lady (Impulse!).

On one of the year’s most stunning openings, Bryan Hooten’s electronically distorted slide trombone ascends from darkness, cutting through a swath of brooding horns and martial rhythms. The band kicks into high gear, led by an ecstatic tenor solo from J.C. Kuhl before Hooten’s amplified trombone reappears at the coda, accompanied by wailing horns. Primal and passionate, this is an updated version of the raw, gutbucket expressionism that made early jazz so exciting.

More reserved but no less enthusiastic, is the flamenco-themed “November 25th,” which features Bob Miller’s soaring trumpet over syncopated handclaps and elastic bass. The fiery percussion duet at the center of “Grizzly Bear” is bookended by a strutting theme led by White’s sinister reverbed guitar as Hooten takes the tune out with bluesy tailgating vigor. “In Jarama Valley” spotlights Kuhl’s incisive tenor variations and the nonet’s sublime interaction on an extended meditation that includes contrapuntal melodies, caterwauling cacophony, and rich horn chorales.

At a mere half hour, Dying Will Be Easy reveals incredible potential in White’s arrangements and compositions. With their bracing fanfares, percolating rhythms, and dramatically sweeping melodies, Fight the Big Bull revels in the unrefined, expressive qualities of seminal jazz and blues. This is gritty, visceral music that appeals to the heart as well as the brain.
http://www.allaboutjazz.com/php/article.php?id=30997

All About Jazz review by Mark Corroto

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Harris Eisenstadt – Guewel (CF 123)
Drummer Harris Eisenstadt’s recording, Guewel, isn’t jazz. That is to say, it isn’t jazz in the American sense of the word but, rather, jazz in the West African musical tradition.
Eisenstadt, a Canadian-born New Yorker, is a student of the art of drumming. His two trips to Gambia and Senegal inspire this recording and his previous release, Jalolu (CIMP, 2003). He adapts traditional and popular music of Senegal within Sabar, the traditional dance and drumming styles. But putting all the ethnomusicology aside, the music heard here is very engaging and full of high-level playing. Think Art Ensemble of Chicago, toss in Kahil El Zabar and small-group Sun Ra and one gets a sense of Eisenstadt’s starting point.

Eisenstadt has been playing the Sabar music for some time, and he recruits this non-chordal lineup of Josh Sinton (baritone saxophone), Mark Taylor (French horn), Nate Wooley (trumpet), and Taylor Ho Bynun (cornet) to present a small chamber marching band. Certainly these musicians aren’t marching, but this music clearly represents the sound of a small village, used to mark major events like weddings, holidays, and baby-namings. It’s like a high school football game with some of the hippest beats at half-time.

The disc opens with “N’daga/Coonu Aduna,” an off-kilter march that morphs into a merry freeform with the horn players making bird calls and shouts of joy. While the freedom (in a jazz sense) reigns, Eisenstadt keeps true to the beat here and throughout the recording, always centering the music in the tradition.

The general pulse of this Sabar music is constant throughout. The unusual front line of baritone saxophone, trumpet, French horn, and cornet makes for a slightly offsetting approach. But each of the improvisers make it all the more interesting and ultimately deliver a very satisfying recording.
http://www.allaboutjazz.com/php/article.php?id=31011