Daily Archives: August 3, 2010

Downbeat review by Lloyd Sachs

Chris Lightcap’s Bigmouth – Deluxe
****1/2

As impressive as bassist Chris Lightcap’s first two albums were in showing off his distinctive two-tenor quartet, they didn’t prepared us for the richness and emotional reach of Deluxe. Bigmouth, which takes its name from the second album, is now a quintet with the adition of Craig Taborn on Wurlitzer and piano; on three tracks, altoist Andrew D’Angelo joins tenorists Tony Malaby and Chris Cheek (who replaces Bill McHenry). Whether recalling early Return to Forever with the Spanish tinge and dancing electric keyboard of “Platform” or breaking out in free-jazz on “Two-Face”, the music is brimmingly alive.

Lightcap, who wrote all of the songs and produced the album, writes spare, regal melodies – some modal, some minimalist, all streaked with possibility. Lifted skyward by the unison saxes, the glorious, South African-styled “Ting” stops just short of bursting. “Silverstone” builds slowly and mournfully to an explosive conclusion, showing off the contrasts between Malaby’s dusky intensity, Cheek’s hard sheen and D’Angelo’s live-wire abandon.

As straightforward as the tunes can be, they gain complexity and off-center strenght from the painterly blurring of the saxes, subtle out-of-phase rhythms, staggered solos and opposing dynamics. Even as Taborn’s hard-edged Wurlitzer lines, Lightcap’s rangy, full-wooded attack and drummer Gerald Cleaver’s Elvin Jones-like orchestrations push the music relentless forward, the two- and three-note melodies keep it rooted in the moment, radiating a powerful sense of place. As fellow New York bassist Lindsey Horner did on his underrated Never No More (1991), Lightcap defines his role as much in ethereal terms as earthy. From Start to finish this music sings.

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El Intruso review by Sergio Piccirilli

Steve Lehman / Rudresh Mahanthappa: Dual Identity (CF 172) 
Calificación: Dame Dos

Una alianza es más sólida cuando los aliados, más que conocerse mutuamente, creen los unos en los otros. (Friedrich Nietzsche)

Una alianza es un pacto o acuerdo entre dos o más personas, constituido con el propósito de asegurar intereses en común o instaurado para unir ideas que concurren a un mismo fin. Las alianzas pueden emerger al amparo de una necesidad contextual que impulsa la conveniencia de su conformación o proceder desde el entendimiento y detección de las metas de consenso existentes entre los actores participantes en esa unión. Las alianzas eficaces, ya sean aquellas que han sido creadas para un fin único o las que encierran múltiples objetivos simultáneos, tienen como rasgos genéricos el cabal entendimiento de su finalidad y una manifiesta claridad sobre los modos y procederes apropiados para obtener el resultado que se pretende alcanzar.
La estrategia de una alianza, pertenezca ésta al ámbito político, cultural, económico o empresarial; no siempre privilegia la distribución equitativa de beneficios ni requiere la alineación de los estándares filosóficos de sus miembros; y mucho menos se funda en la necesidad de confianza, respeto, admiración y visión de futuro compartida entre las partes asociadas. En cambio, cuando una alianza contiene estas cualidades, además de optimizar la eficacia de su cometido empieza a desarrollar la capacidad para reciclar sus metas, logra trascender a sus objetivos de origen y enriquece por igual a cada uno de sus miembros a través de un democrático mecanismo de aprendizaje recíproco.
Un buen ejemplo a citar sobre alianzas que contienen ese tipo de cualidades es la sociedad musical documentada en Dual Identity, proyecto que congrega a los notables saxofonistas y compositores Steve Lehman y Rudresh Mahanthappa.

Las similitudes y coincidencias conceptuales entre los componentes de esta alianza son innegables e infrecuentes. Ambos son brillantes ejecutantes de saxo alto, los dos se distinguen por sus innovadores aportes a la composición de jazz (Mahanthappa incorporando elementos de música carnática, Lehman integrando cualidades del espectralismo), uno y otro han sabido manifestar a través de sus respectivas obras una particular inclinación por relacionar la música con las matemáticas y ambos tienen una irrenunciable vocación experimental que los ha posicionado como dos de los músicos de vanguardia más representativos de nuestro tiempo. No obstante, si algo le confiere un factor distintivo a esta cofradía artística es que entre sus miembros, además de las similitudes de enfoque, estilos, influencias e intenciones, existe confianza y admiración mutua, lo cual se traduce en términos de exposición musical en la erradicación de cualquier vestigio de competencia dando cabida en su lugar a una sana camaradería. En resumen, esto hace que en Dual Identity (como afirmara Rudresh Mahanthappa en la entrevista que le realizamos recientemente) “la música pase por el lugar que permite que uno empuje al otro más allá de sus propios límites”.

La denominación de este proyecto reúne los conceptos de identidad y dualidad. El término “dual” expresa la capacidad de aquello que reúne dos caracteres o fenómenos distintos. En tanto que la palabra “identidad”, en sus acepciones más usuales, describe el conjunto de rasgos propios de un individuo o una colectividad que los caracterizan frente a los demás. También puede referir a la consciencia que una persona tiene de sí misma ante los otros e inclusive, teniendo en cuenta las inclinaciones de Steve Lehman y Rudresh Mahanthappa por las matemáticas, habría que mencionar además que el término “identidad” es utilizado en ese campo para definir “la igualdad algebraica que siempre se verifica, cualquiera sea el valor de sus variables”.
Aclaramos todo esto no sólo con el ánimo de calar hondo en la médula conceptual de Dual Identity, sino también para despejar dudas o evitar confusiones entre las definiciones de “identidad dual” y “doble personalidad”. Seguramente usted sabe que no se trata de la misma cosa, pero nunca faltará el ignorante que mezcle torpemente ambos conceptos como… lo hice yo en un primer momento.

La doble personalidad o trastorno de identidad disociada se caracteriza por la existencia de dos o más identidades o estados de la personalidad que controlan el comportamiento del individuo de modo alternante. La doble personalidad implica actuar como si fuésemos otra persona, desarrollando el sentimiento de estar separado de uno mismo y experimentando el medio circundante como irreal. Las estadísticas demuestran que este síndrome es mucho más frecuente de lo que suele creerse.
Sin ir más lejos, le cuento que mi primo tiempo atrás sufrió un trastorno de doble personalidad. Durante el día era Carlos, un casto e incorruptible empleado bancario y por las noches una apetitosa bailarina de cabaret llamada Karina. Por suerte, cuando fue en busca de ayuda profesional, su terapeuta lo tranquilizó diciéndole: “¿Doble personalidad? No se preocupen, siéntense que lo vamos a solucionar entre los cuatro”. Hoy me siento muy feliz al verlo recuperado, aunque todavía no me acostumbro a llamarlo Karina. No quiero irme por las ramas pero… ¿le conté el caso del tipo que tenía como mascota un perro con doble personalidad? Es una historia graciosísima. Resulta que la mascotita, cuando estaba con su dueño, era un fiel pastor alemán; pero ante los fieles de una parroquia vecina se creía un pastor evangélico y… como le iba diciendo…

El álbum Dual Identity fue grabado en vivo en el Braga Jazz Festival 2009 de Portugal. El quinteto liderado por Rudresh Mahanthappa y Steve Lehman se completa con el guitarrista Liberty Ellman (miembro de Henry Threadgill’s Zooid), el contrabajista Matt Brewer (Greg Osby Band, Gonzalo Rubalcaba, Jeff “Tain” Watts, etc.) y el baterista Damion Reid (Robert Glasper Trio, Brett Sroka’s Ergo, Apex y Samdhi).
The General oficia como una declaración de principios sobre los intereses fundacionales, mecanismos expresivos y objetivos estéticos en los que se funda Dual Identity: gran sentido de la dinámica, frenéticos patrones rítmicos, partitura de exigente lectura, maestría técnica y empatía improvisadora. Un breve preludio para dueto de saxofones nos conduce a un sinérgico empaque armónico con permanentes cambios y fracturas que recuerdan subliminalmente algunos de los recursos estilísticos que suelen caracterizar a Steve Coleman & Five Elements o el Henry Threadgill’s Zooid. El quinteto dibuja un paisaje sonoro que, a pesar de sus laberínticos trazos, siempre luce orgánico y controlado. Los dos saxos, además de exponer similares aptitudes técnicas, complementan las virtudes de sus respectivos ejecutantes; más elíptico y cerebral en el caso de Steve Lehman y más dado a la exposición melódica y con mayor carga emocional en Rudresh Mahanthappa. El cuadro se completa con la precisión e inventiva del contrabajo de Matt Brewer, el fluido sostén que edifica la batería de Damion Reid y la importancia cardinal que ejerce la guitarra de Liberty Ellman a través de fraseos angulares, acordes asimétricos y oblicuas texturas.

La riqueza armónica, las fracturas de ritmo y los imprevisibles cambios de velocidad en Foster Brothers sirven para reafirmar conceptos y aspiraciones. La entrega aquí es de fenomenal complejidad pero sin perder calidez y, aunque en ciertos pasajes podría haber sido más atrevida y explosiva, está llena de profundidad emocional.
SMS deja aflorar el costado más lírico del proyecto mediante un desarrollo melismático sugestivo, hábilmente adornado con solos en guitarra y saxo alto de contenida pasión.
Uno de los segmentos más destacados llega con la versión ofrecida de Post-Modern Pharaohs, composición de Steve Lehman en origen incluida en el álbum Artificial Light de 2004. La pieza sigue la impronta de su autor al permitir el desarrollo de rigurosos patrones rítmicos y un estudiado despliegue contrapuntístico.
Un convincente solo de Damion Reid en batería da inicio a Extensions of Extensions of. Un poderoso alegato pleno de energía y aliento épico pero que a la vez revela una extraña espiritualidad que parece provenir de un mundo infinitamente remoto y vacío de sensualidad. Todo rematado por un notable lance entre los saxos de Rudresh Mahanthappa y Steve Lehman.

La espaciosa balada Katchu, cuya autoría corresponde a Liberty Ellman, evoluciona lentamente hasta desvanecerse en un dueto de saxos que empalma con los aires carnáticos de Circus, tema del álbum de Rudresh Mahanthappa Mother Tongues.
El climático cromatismo de Resonance Ballad precede a una majestuosa aproximación al espectralismo contenida en la versión de Rudreshm del álbum de Steve Lehman Travail, Transformation, and Flow. Luego, tras el inquietante solo en contrabajo a cargo de Matt Brewer que abre paso a la enérgica improvisación colectiva de 1010, el álbum cierra con el emotivo dueto de saxos del tema Dual Identities.
Dual Identity no es un álbum conceptual ni persigue los fines innovadores que atestiguan las obras previas de Rudresh Mahanthappa y Steve Lehman, sino un placentero refugio para dos músicos geniales que se profesan admiración y respeto.
http://www.elintruso.com/article.php?id=1891

JazzWord review by Ken Waxman

Michaël Attias – Renku in Coimbra (CF 162)
Oleś Brothers with Rob Brown – Live at SJC (Fenommedia Live Series)
Double bass and drums power and patterns are the reason for the success of both these trio CDs which also feature – and in one case is lead by – an alto saxophonist. Nonetheless, these cohesive qualities would likely be present no matter who was the third partner.

Poland’s most notable rhythm section, twin brothers, bassist Marcin Oleś and drummer Bartłomiej “Brat” Oleś are a lot more than the Paul Chambers and Jimmy Cobb of Eastern Europe. Although their skills as close-knit accompanists have benefited musicians ranging from German woodwind player Theo Jörgensmann to American cellist Erik Friedlander, they also produce sessions and – as in this case – compose the music. Not only has Brat Oleś in particular supplied memorable tunes for this CD, but the two spur New York saxophonist Rob Brown to his most impressive soloing on record. Considering Brown travels in the company of players such as bassist William Parker and pianist Mathew Ship that’s high praise.

Although bassist John Hébert and drummer Satoshi Takeishi together have been Israeli-American saxophonist Michaël Attias’ rhythm section since 2003, they’re also busy with a variety of other projects. Takeishi has also worked with Anthony Braxton as well as Brown and Friedlander, while Hébert plays with trombonist Joe Fielder and pianist Benoît Delbecq. More tellingly, the bassist contributed four of the eight tunes on this session and his thick thumps and walking keeps everything balanced. Meantime Takeishi uses a variety of percussion implements to add novel coloration and shore up Attias understated style. The Haifa-born saxophonist, who was raised in Paris and Minneapolis was also mentored by Braxton and has paid sideman dues with drummer Paul Motian and cornetist Taylor Ho Bynum.

Recorded in a Gliwice jazz club in 2008, Live at SJC could be the 21st Century equivalent of Art Pepper Meets the Rhythm Section from 1957. Although Brown’s sharp and piercing tone is closer to Jackie McLean’s, “Brat” Oleś constant clatter, rumbles and rolls plus cymbal sizzles as well as his brother’s slippery plucks, strums and reverberations provide the necessary impetus for the saxophonist as Chambers and drummer Philly Joe Jones did for the saxophonist on the Pepper LP.

Not that Brown needs much prodding during the CD’s more than 75½ minutes. Gritty runs flutter tonguing and glissandi extensions are just a few of the ways he exposes every note pattern nuance to the audience. During the three-part “Here & Now Suite” for instance, his wet trilling, high-pitched split tones and node extensions are prominent during nearly every solo. The Oleś’ responses to his nearly ceaseless mutiphonic playing are circular cross pulsing from the drummer and curvaceous string pumping from the bassist.

Each man also has suitable solo showcases, with Marcin Oleś at one point slip-sliding timbres up the strings; at another doubled string slapping; both of which leads to andante walking. Meanwhile, blunt drum-top strokes and cymbal prestidigitation characterize some of Brat Oleś’ rhythmic thrusts. But if Brown frequently seems to be wrenching every last sweaty ounce of rippled trills from his horn, the drummer’s strategy is more indulgent.

Although Brown’s reed-biting and note squishing is tautly expressed most of the time, he relaxes enough on “Ash Tree” to assay what in these circumstances is a melancholy mid-range ballad. Spreading harsh, altissimo timbres, he links up with low-pitched bowed bass strokes and unattached cymbal rustles. Reaching a climax with intense tongue vibrating in unison with Brat Oleś’ subtle patterning, Brown exits with trumpet-like timbres as every wisp of air is squeezed from his horn.

If Brown’s reed technique on Live can be compared to the use of a steak knife, then Attias’ on Renku in Coimbra is more like that of a butter knife. That isn’t a putdown. Each piece of flatware has a particular function, and Attias’ style is as languid and relaxed as Brown’s is tense and agitated.

Note this particularly during Hébert’s “Universal Constant” which showcases the saxman’s discursive, yet lyrical trilling. Meantime the bassist scrubs and plunks his strings, while Takeishi could be using knitting needles to sound thinner vibrations from cymbals and other parts of his extended kit. Although he’s consistently melodic, his indolent runs are durable as well, and infrequently reflect harsh vibrations.

This track and others are traditional enough to feature a recapping of the theme at the end. Before that there’s plenty of solo room – both during the almost obligatory turnaround and elsewhere. Pianist Russ Lossing even makes a brief, but potent, appearance on one track, recorded like the others at a studio in Coimbra, Portugal, about 3½ months before the Brown-Oleś Brothers CD.

Attias says that Lee Konitz and Jimmy Lyons were two of his earliest influences on alto saxophone. Konitz’s graceful and unhurried stylings are evident on more than the one Konitz composition recorded here. Instructively, the trio’s energetic reading of the latter’s “Sorry” doesn’t differ markedly from how they – and Attias in particular – treat Hébert’s “Wels” or the saxophonist’s own “Do & the Birds”. The latter is almost a rhythm section demonstration, with Takeishi’s mismatched nerve beats, cymbal shakes and wood-block strokes evolving in broken-octave concordance with guitar-like twangs from below the bridge of Hébert’s bass. By the time the saxophonist enters with a mellow texture, the resulting rubato coloration and textural echoes could also be ascribed to the bull fiddler’s almost identical harmonies.

As for his own “Wels”, Hébert’s role is slinky and secondary as the drums bounce and rebound while the altoist hooks onto the treble melody, rubs and caresses it and moves it away from eccentric timbres. Nonetheless, the piece is cantilevered by hard rim shots and fleet-fingered bass string twangs before the lightly accented head is recapped.

Involving musicians of varied backgrounds, both trio sessions demonstrate how, with improvised music a particular, circumstantial alignment can produce first-class music, which can be captured in usual places.
http://www.jazzword.com/review/127175