Daily Archives: May 2, 2012

Cuadernos de Jazz review by Jesús Gonzalo

Boris Hauf – NEXT DELUSION (CF 238)
Hauf es músico y Dj residente en Berlín que gusta de pasar temporadas, parece que estivales, en Chicago. Admirador de Fred Anderson, fue introducido por el histórico de la AACM en una escena a la que acabó rendido, como se dice en las notas, ya que “aquí puedes encontrar músicos en la misma noche que lean composiciones orquestales, que hagan improvisación electroacústica y monten una especie de rave pop-punk”…

Esta bella edición en Clean Feed abunda en una producción ciertamente especial y cuidada en todos los sentidos, desde el diseño al sonido y por supuesto el formato. Basta comprobar la lista de músicos que participan, sin ver el interior, para que resulte atractivo. El problema está en las ideas que en él se destilan, porque si lo que se quiere hacer es un disco conceptual hay que, primero, intentar ser algo original (el arte de la idea fue el del siglo XX) y lo segundo que el lenguaje especulativo que uses a nivel formal no acabe siendo sólo envoltorio. En cuanto a estética musical, básicamente está hecha de las respiraciones lineales de los vientos en contraste de materia con la percusión. Cuestión que habíamos apreciado justo desde esta escena de Chicago en diversos proyectos colectivos y que partiría – y lo seguirán haciendo- de un contexto entre silencios y de cierta aleatoriedad ya avanzado por John Cage en sus últimas piezas númericas (Four o Fifty Eight sin su tamaño) y, por afinidad en el planteamiento de duraciones y en este mismo sello, con Matt Bauder y su grupo Memorize the Sky, que siendo la mitad de músicos proporcionan mucho más juego cromático.

En esa expansión circular cercana al silencio, con esos vibratos que parecen espectros y una percusión de timbres metálicos ambientales, en otro encuadre contemporáneo que sugiere a Salvatore Sciarrino, resumiría el significante de los dos primeros cortes, siendo los dos últimos los más estimulantes del disco. En el tercero se llega desde lo anterior, en planos suspendidos que se cruzan e inducen a una tensión por división de voces que abre Jason Stein. Este proceso emergente nos lleva hasta el último tema, donde patrones martilleantes y repetitivos en los vientos crean una agitación que es apoyada en grosor y volumen por la percusión, entendida ésta no desde la libertad de figuras (más bien los platos) sino desde la superposición y concentración de ellas. Esperemos que la próxima vez no nos desilusione.

Cuadernos de Jazz interview by Jesús Gonzalo

TONY MALABY – TEN SHOTS
Al primer intento no se pudo terminar y lo dejamos para la noche siguiente.  Relajado y locuaz, entre los descansos de las jam sessions que tuvieron lugar en el pasado festival de Guimarâes, Tony Malaby contesta a estas y otras cuestiones. De padres mexicanos, empezamos en inglés y acabamos largo y tendido en español. Salimos del local a una pequeña plaza y nos sentamos en una fuente. La lluvia caía con suavidad sobre el suelo medieval de esta ciudad.

¿Sonido o silencio?
Pienso que debe ser una combinación bien entendida de ambos. Para mi el silencio es una escucha creativa que viene provocada por el compañero. Es esa espera mientras él va construyendo su solo y su música crece dentro de ti y te impulsa.

(le comento que en algunos vídeos, dentro del grupo Bigmouth de Chris Lightcap, le he observado mientras, por ejemplo, Craig Taborn exponía el tema con un Fender Rhodes)

Sí, Craig está en otra dimensión… Es increíble tocar con él. Pasa con otros muchos buenos músicos también, esa es la gran fortuna de esto. Le tengo mucho cariño a este proyecto de Chris (1).

¿Notas o sonido?
Para mi es más importante el sonido.

¿Norte o Sur?
¡¡Sur!!

¿Montaña o playa?
Playa.

¿Perro o Gato?
Perro.

¿Té o café?
Soy de café.

¿Sombrero o gorra?
(mira hacia arriba)
Ahora un paraguas no estaría mal… (risas)

¿Vino o cerveza?
Me gustan los dos, depende del momento.

¿El primer disco que recuerda haber escuchado?
A ver… Debió de ser por los 70. Uno de Dexter Gordon…Stable Mable (Steeplechase, 1975), ¿podría ser?…Lo escuchaba día tras día durante semanas. ¿Sabes? Años más tarde, sería a finales de los 80, le vi en un concierto en Los Ángeles. Y con lo primero que me quedé fue con la chaqueta que llevaba ese día. (se lleva las manos a la cabeza) ¡Y era la misma que tenía en la foto de portada de aquél disco! Me dije (se le ilumina la cara y sonríe abiertamente), ¿y a esto te quieres dedicar? (risas).

¿La situación más ridícula o surrealista que le ha sucedido sobre un escenario?
Uff, no sé…Creo que fue en un aeropuerto de un país asiático, no recuerdo. De pronto me vi desbordado por tanta información que había a mi alrededor: gente de arriba a abajo, locución por altavoces, tiendas, letreros… y allí estaba yo en medio, tocando… ¿Qué hago aquí?

¿Cuál fue el último concierto de otro músico en el que estuvo?
Ayer mismo, aquí, el de Henry Threadgill con su grupo Zooid, a quien no había visto antes. Me gusto mucho, es algo increíble. ¡Qué música! Creo que en las últimas décadas es uno de los pocos que ha creado un mundo propio.

¿Siempre hubiera querido haber tocado con…?
Cumplido mi gran sueño de haber compartido muchos conciertos al lado de Paul Motian (1), a mi me gustaría tocar a trío con Jack DeJohnette. Me encantaría tocar con Jack (¿Aunque fuera, y ya es difícil, dentro del trío de Keith Jarrett?) Sí, claro, por qué no. (risas)

¿La mejor cosa de ser músico…?
La importancia de la soledad que se necesita para hacer esto, para ensayar, para practicar, para hallar la paz dentro de uno que te permita apreciar y poder expresar con libertad…para que uno sea…¿cómo se dice?… como un conductor que haga que la creatividad fluya… Cierto, no es fácil con tanto viaje encontrar la soledad, pero uno la busca en los hoteles, trabajo mucho en los hoteles.

¿Y la peor?
¡Aeropuertos!

¿Qué es la improvisación para ti?
Para mi es algo muy profundo y  a la vez algo que tienes que compartir. Yo la siento, y se lo digo a mis alumnos, como un acto de composición. La estructura es importante pero yo diría que el proceso lo es aún más.

Por cierto, vienes de dar tu clase dentro de los workshops incluidos en este festival, ¿qué te estimula más enseñar o aprender?
En la actualidad te diría que son parte de la misma cosa. No te imaginas lo que aprendo de mis alumnos. Por ejemplo aquí, en Portugal, lugar al que vuelvo con cierta frecuencia, con el tiempo veo cómo evolucionan.

Y si yo te digo Voladores…
Pues es uno de mis discos (2). ¿Pero tú sabes qué son los voladores? Te cuento, es un ritual mexicano muy antiguo en el que unos tipos se cuelgan de los pies en un palo clavado en el suelo y a cierta altura. Cogidos de la parte más alta, empiezan a moverse hasta que consiguen girar con la velocidad sobre el eje. ¡Increíble!

¿Y Tamarindo?
Pues es un grupo mío (con Nasheet Waits y William Parker). El tamarindo es una fruta de la India que tiene un sabor muy especial… increíble… sabe como… (¿mango?) no, conozco el sabor del mango… (¿kiwi?) no, tampoco… A ver…¿cómo se diría?… (¿persimón?) Puede, no sé. ¿Nunca lo has probado? No, ¿es fácil de conseguir? Bueno, creo que sí (en Nueva York…).

Su película favorita. 
(Malaby es un gran aficionado al cine, del mudo -Buster Keaton- al clásico –Kubric-, del experimental -Stan Brakhage- a las series de norteamericanas del momento -The Wire-. Está al día y le dedica gran parte del tiempo muerto de los viajes)

Yo diría que Cinema Paradiso, de Giuseppe Tornatore.
(otro italiano favorito, pienso, acordándome de la respuesta que dio Tomasz Stanko a este cuestionario).

La veo al menos una vez al año, y ahora con mayor placer desde que tengo un niño.

Una banda sonora…
Uy… A mi me pone los pelos de punta ese arranque que tiene Taxi Driver.

¿Y una rareza?
(la lluvia empieza a empaparnos . Malaby se atusa el pelo hacia un lado y se queda pensativo. Y al final vuelve a parecer esa sonrisa traviesa)

Pues una que te recomiendo, que es una locura total, y que es muy reciente. El director es francés (Gaspar Noé). Se titula Enter the void (2009), ¿lo has apuntado bien? Vale. Pues quiero que me mandes un correo cuando la hayas visto y me dices qué te ha parecido. El único tipo, hasta ahora, al que le ha gustado ha sido Marc Ducret, ¿le conoces? …Sí, ya, tenía que ser francés… La vimos en mi casa una vez que vino a la ciudad.
(aún no la he visto)

¿Su plato de comida preferido?
La comida mexicana, bien picante.

¿Qué libro está leyendo ahora o ha terminado recientemente?
Estoy leyendo Suttree, de Cormarc McCarthy. Antes me había leído de él Blood Meridian y las imágenes que se fundieron en mi cabeza fue…¡increíble! (¿Y viste la película sobre de The Road? ) Sí, sí, pero el libro es mucho mejor, es por las imágenes que provoca, no necesitas estar frente a una pantalla. (Es duro McCarthy, ¿no te parece?). Buah, me encanta ese realismo.

¿Una ciudad para vivir…?
Pues por el momento Nueva York, con el trabajo y todo eso, pero cuando sea más anciano me gustaría ir al sur… Al sur de Portugal o de Francia.

(1) Este encuentro se produce el 17 y 18 de noviembre, antes del fallecimiento de Paul Motian. Malaby nos anuncia que está grave, ingresado en el hospital. Nos cuenta que se despidió de él en Nueva York antes de salir para Portugal.

(2) Voladores (Clean Feed 2009), con Tom Rainey, Drew Gress y John Hollenbeck.

Cuadernos de Jazz review by Jesús Gonzalo

Kris Davis – AERIOL PIANO (CF 233) ****
El sello portugués no se caracteriza precisamente por disponer de una nutrida lista de pianistas, pongamos por caso comparativo ECM, discográfica que, quizá por su más de 40 años a la espalda y por la propia idiosincrasia de su fundador, siempre se preocupó por establecer puentes entre la música clásica y la improvisación. Este hecho diferencial, habría que analizar con más detalle su por qué, contrariamente a lo que supondría en cuanto a prestigio y comercialmente, le ha permitido respaldar iniciativas instrumentales que en buenas manos han lanzado a Clean Feed a la cabeza del interés creativo del jazz del momento. Es más, así de memoria, y reciente, sólo dos pianistas mujeres, las dos con treinta y pocos, han entregado un disco a piano solo. Aeriol Piano quedaría enmarcado como producto en estudio y por plazos junto, al menos, tres publicaciones más. Cuestión que sirve para sopesar el alcance de una propuesta pianística que se significa, como las otras, en la creación jazzística contemporánea. Nos referimos, y empezamos con la pianista sugerida antes, a las de Angelica Sánchez en A little house, Agustí Ferández en El Laberint de la Memòria y Avenging Angel de Craig Taborn.

En un estudio comparado con el disco de Sánchez vemos aquí una menor dispersión temática y, digamos, una mayor solvencia técnica enfocada de manera menos plástica- naïf y bluesy. En cuanto al de Agustí Fernández aquí lo que nos interesaría es ver las distintas aplicaciones técnicas que se ejecutan (que incluyen piano preparado), porque mientras que para el pianista mallorquín esa elección esta íntimamente ligada a un discurso narrativo que preconfigura el resultado, no parece ser el caso que nos ocupa. Por último, cuestión que parecía inevitable por cercanía en el tiempo, este disco ha sido objeto de comparaciones (también empezamos así este artículo refiriéndonos a los sellos) con el relevante (aunque sigue dejando ciertas dudas) debut de Taborn en ECM. La cualidad pianística en ambos es incuestionable, pero entre la frondosidad ora concentrada ora espaciada de uno, resalta en Davis una construcción menos impulsiva, más detallista y un léxico más claramente inducido por autores contemporáneos.

Y esto, que se ve reflejado en Different kind of sleep, viene dado por la predilección por un autor como Morton Feldman, mientras que en Taborn, y también ahora hablamos de memoria auditiva, veíamos parentesco con el piano de György Ligeti. Ambos, eso sí, manejan supuestos técnico-estílisticos que son una síntesis de muchas otras referencias previas (Cecil Taylor, John Cage, Andrew Hill) que apreciamos en una articulación parecida entre ambos en Good Citizen (título de su único trabajo a trío con bajo y batería) y en Beam the eyes, donde los bloques de acordes en ex-tensión cambiante vienen dados por irrupciones y figuras reiteradas, todo ello construido desde una dimensión percusiva del instrumento.

Uno de los estudios para piano finales de Ligeti, a modo de bosquejo, parece inspirar el principio circular (mano izquierda) y contemplativo (derecha) del breve Stone. El trabajo de volúmenes y el rastro tímbrico, entre sombras y lloviznas (aquí nos recuerda a Agustí Fenández), se sugiere en The Last Time. El piano preparado en Saturn Return (tema que da para mucho analizar y disfrutar por su imaginativa construcción y capacidad evocativa) invita a viajar (como ya a John Cage a principios de 1940 en sus Sonatas e Interludios) a latitudes distintas (Bali), introduciendo luego fuertes contrastes de volumen y materia que no sustraen esa posibilidad viajera. Un corte antes, abriendo el disco y de forma aislada, el único standard, un All the Things you are sencillamente inédito e impagable, fuera de tópicos, atraído hacia una lectura disociativa del centro melódico e impulsada en su planteamiento argumental por Keith Jarrett.

Al fin, no sabemos muy bien la razón de por qué tanto este magnífico trabajo como el de Taborn no llegan a nuestro parecer a la máxima puntuación. Dejamos la quinta estrella a esa apreciación quizá inconsciente en la que el orden de los “sucesos” cobra pleno sentido.

Cuadernos de Jazz review by Jesús Gonzalo

Mostly Other People Do The Killing – THE COIMBRA CONCERT (CF 214) ****
Nadie entendía por qué un cuarteto que no incluye piano hubiera elegido para su portada una figura en postura reflexiva frente a él. El título y las fotos individuales en blanco y negro de cada músico, en gesto cómico o exagerado en su recogimiento frente a las teclas, amplían esta apreciación y nos lleva a pensar que estas poses forman parte de una parodia del Köln Concert de Keith Jarrett. Son otros tiempos, vienen a decir, y quizá aquella vanguardia es vista hoy por estos jóvenes como algo impostado. Si comparamos esta imagen desacralizada con el título anterior This is our Moosic entenderemos también lo que les distancia de la erudición clásica de uno y les acerca al free jazz con raíces rurales de Ornette Coleman.

El elemento lúdico, el virtuosismo genialoide y el desprejuicio en la expresión imprimen espontaneidad a una música que se siente como materia viva y gozosa, que aúna el poder deshinibidor del rock y del protojazz juntos y el brillo intelectual que concita primitivismo y modernidad. El impacto que causa su directo, y este disco doble sobre sendos conciertos es buena prueba, reside precisamente en la intensidad contagiosa que se consigue al mezclar los estilos derivados del blues de Nueva Orleáns y la desfiguración narrativa del free gracias a una construcción dinámica en la que la voracidad de motivos (el torrente polifónico de Evans/Irabagon y sus incisivos diálogos), apuntes (citas a temas clásicos de jazz y pop en disco 1) y efectos (los acústicos emulan a los electrónicos) se cruzan sin aliento (confrontando base rítmica y melódica y ejercicio solista) en distintos planos. Soltura, desparpajo e inteligencia son moneda corriente en una formación que, de tanto genio, desprende a veces frialdad.

Cuadernos de Jazz review by Jesús Gonzalo

John Hébert Trio – SPIRITUAL LOVER (CF 175) ****
Miembro destacado de algunos de los tríos más señeros del último lustro, como el de Russ Lossing, como reciente incorporación en el de Uri Caine o quizá en su experiencia más determinante en este formato como privilegiado testigo del último de Andrew Hill, Hébert lidera el suyo propio sin ceder al criterio de ninguno de los anteriores ilustres pianistas. Ni tan siquiera hay un asomo de afinidad con el sonido terrenal de su más preciado proyecto Byzantine Monkey. El secreto, encontrándonos con la intrincada y cómplice espaciosidad que mantiene con Lossing, la compleja construcción de los tiempos iniciales de Hill y las texturas menos animadas del Bedrock de Caine, habría que buscarlo en un trabajo tímbrico que naturaliza la ambivalencia acústica y eléctrica del teclado contrastando a la vez una actitud introspectiva y sicodélica que se refuerza melódicamente en las poderosas líneas de bajo y se desplaza suspendida en los detalles aéreos de los platos o se agita por una engranaje percusivo completo y edificante. Su estimulante escucha sugiere, sin evidenciar otra deuda salvo con el presente, una transposición a trío, y a esos dos niveles, de los trabajos de indagación electrónica que Paul Bley publicó en Circles (1971-72) y cuya experiencia daría paso a obras acústicas como Open to Love.

Cuadernos de Jazz review by Jesús Gonzalo

Peter Evans Quartet – LIVE IN LISBON (CF 173)
En una esclarecedora entrevista a Peter Evans en Cuadernos de Jazz, vertía el trompetista inclinaciones formales sobre su estilo que parecían fruto del instante. Es cierto que, entre nombres del pre be-bop y la corriente del free jazz como expresión de sonido, su trompeta transforma las tonalidades en sonoridades, la melodía en apremiante intensidad y el fraseo toma un rumbo tan incierto como sesuda es su construcción. Salvada la fisonomía animada del MOPDTK sobre modelos históricos, tomando temas como All The Things You Are, Lush life/Sound of Love y What Is This Called Love para renombrarlos antes que versionarlos (All, Palimpest, What), Evans muestra en este directo una gran solidez de criterio por su congruencia armónica: primero desde la composición creando puentes a modo de interludios entre ellos y segundo planteado una exposición vibrante y acaudalada pero menos abierta o explosiva que en otros contextos. El voraz y percusivo pianismo de Ricardo Gallo, aparato de andamios atonales que crea una pulsión acuciante, pedal de sostén que imprime volumen, le ayuda en la construcción de texturas con la respuesta en potencia y nervio que corresponde a bajo y batería, ésta aun contundente más austera que en MOPDTK. Pasando de Ellington a Mingus y de Cole Porter a la ICP Ochestra (For ICP), esta grabación nos sitúa en el epicentro de su solvencia jazzística.

Touching Extremes review by Massimo Ricci

ELLIOTT SHARP TRIO – Aggregat (CF 250)
Aggregat was born from Elliott Sharp’s interaction with bassist Brad Jones and drummer Ches Smith. The leader alternates tenor and soprano saxophones with guitar in twelve tracks whose level of verve is refreshingly high, from start to end. We’re introduced to unexpected aspects of Sharp’s playing in the opening tune “Nucular” – a tribute to Sonny Rollins – to the point that on a distracted first listen I found myself wondering why there was no mention of a saxophonist in the group, totally forgetting that the instrument was handled by E#. The tasty tone and sensual melodic content of that track is soon forgotten with the consecutiveness of the subsequent chapters. The customary outrageous combinations of stormy dirtiness and agglomerative structures visualized by Sharp on the fretboard, together with his avant-bluesy cries, are always something to be heard. Other methods of reed-based expression privilege squawking anti-patterns and headstrong repetition over the deceiving weightlessness of the record’s beginning. Jones’s robust timbre pervades the interplay with silently charismatic wisdom, while Smith’s drumming is expertly wayward, conscious of where accents need to fall to propel the pieces in the name of an unaffected restlessness. The trio’s improvisational shoulders are broad enough to sustain heavy burdens: no chance of getting confused in the constant shifts of outpouring energy.
http://touchingextremes.wordpress.com/2012/04/