Cuardenos de Jazz review by Carlos Pérez Cruz

Baloni – Fremdenzimmer (CF 237)
Asegura el pianista Vijay Iyer que “la música es acción: el sonido de los cuerpos en movimiento” (notas del libreto de su último disco, Accelerando). Claro que la acción que estimula el movimiento de los cuerpos en su Accelerando es diametralmente opuesta a la que propone el trío que nos ocupa, Baloni (‘Ba’ de Badenhorst, ‘Lo’ de Loriot y ‘Ni’ de Niggenkemper). Si Iyer pone la música en acción mediante la partición del tiempo en fracciones métricas infinitesimales, el trío Baloni camina sobre el tempo como un espacio físico que se expande y se contrae a voluntad, y sólo en ocasiones prefigura una métrica mensurable. Por otro lado, si Iyer experimenta escrutando hasta el límite el encaje de pulsos rítmicos (con una exigencia extrema de precisión para los músicos), Baloni prima el expresionismo y la textura sobre cualquier otro elemento (con la comunicación -acción, reacción- como elemento primordial para la creación in situ). Formas contrapuestas, e incluso extremas, que no sé hasta qué punto son más un reto para el intérprete que elemento de seducción para el oyente.

Dice también Iyer que “si la música es acción, lo mejor es escucharla en contexto”. Cierto. Pero, ¿cuál es el contexto del oyente actual de música? Déjenme hacer uso de un tópico musical: la música, siempre mejor en directo. Y cuando ésta trata de apelar a algo mucho más amplio que tan sólo al ritmo (¡¿tan sólo?!), más si cabe. He probado a escuchar la música de este Fremdenzimmer en varios contextos propios del oyente de nuestros días, siempre con auriculares. Por la calle (caminando y corriendo), frente al ordenador (trabajando), comiendo (no recuerdo qué), etcétera. Y no funciona. Y resulta curioso cómo una misma pista (un disco entero) puede generar tanto irascibilidad como placidez. Depende del contexto. Es fundamental el contexto. Y resulta paradójico cómo la música que más asociamos a la búsqueda (ergo a la vanguardia creativa) apela, sin embargo, al ser humano que fuimos en otro momento en que (cuenta la leyenda) éramos capaces de concentrarnos en una sola actividad. Es decir, la vanguardia (todo concepto es discutible, claro) al rescate del ciudadano sometido a este insufrible “accelerando” que procura la partición del minuto en mil segmentos, en vez de regodearse y retozar en la naturaleza gozosa de la mera existencia.
http://www.cuadernosdejazz.com/index.php?option=com_content&view=article&id=2127%3Abaloni&catid=4%3Adiscos&Itemid=7

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