Tag Archives: Hammered

Jesús Gonzalo Best of 2013 list (Cuadernos de Jazz)

Las listas anuales son una especie de aduana por la que tienes que pasar sí o sí. Desconozco lo que sucede con detalle en otros géneros, pero si llegan a la mitad de lo que, en sólo cinco títulos, podemos resumir en el jazz, la música vive uno de sus mejores momentos…

No se engañen, la muerte de la música, del jazz, de la cultura, la crisis social, todo esto ha sucedido antes, desde el siglo XIV con el Ars Nova (luego lo retomamos) al XX con el dodecafonismo o el mismo free jazz, y ya con la Segunda Guerra Mundial ni hablamos… Otra cosa es ese pequeño e incómodo obstáculo (inaudito en los países avanzados) del 21% gravando la cultura…

Cierto, el (anti)Festival de Jazz de Madrid sirve de modelo de (indi)gestión e ilustra el tono gris marengo que va adquiriendo la capital, salvo por los museos… A evitar. Por contra, en Andalucía (ya saben, esa tierra de oportunidades “señaladas”) se reflota uno internacional y se pone en marcha otro. En otro sentido, se confirma una tendencia de mercado. Sin la cobertura del tejido público, los clubes españoles son los que promueven jazz en directo. Ellos ponen las condiciones (…) y es legítimo que no arriesguen dinero. Las propuestas más avanzadas son las más perjudicadas en esta coyuntura. Si esto sigue así, a finales de 2014 se hablará -ya mismo- de un nuevo renacimiento del flamenco-jazz…

La lista de discos, en qué estaría yo pensando… A ver, cinco, ¿no? Vale, pues, como el año pasado, pondré sencillamente los que más he escuchado, que se supone son los que más me han gustado. El orden no importa. Abro y cierro con dos publicaciones de Clean Feed, ya saben, música mu moerna.

CINCO DISCOS
(Sit in) The Throne of Friendship; Nate Wooley Sextet (Clean Feed)
The Transylvanian Concert; Lucian Ban & Mat Maneri (ECM)
Woman Child; Cécile McLorin Salvant (Mack Avenue)
A Mirror to Machaut; Samuel Blaser Consort in Motion- (Songlines)
Hammered;Ches Smith and These Arches (Clean Feed)
CF 280Nate Wooley – (Sit in) The Throne of Friendship
Nate Wooley, no se crean, entrega un disco que facilita un montón de ángulos de visión sobre la actualidad y algunos prismas para entender el pasado (años 60) con un septeto atípico, en línea con el Canada Day del aquí también protagonista a la batería Harris Eisenstadt. En realidad el grupo gira como quinteto, y esta primavera lo harán por Europa, pero no, no pasarán por aquí. Con Wooley han sido tres los trompetistas destacados este año. Ralph Alessi con Baida, cuenta con el apoyo mediático de ECM que no ha tenido Kirk Knuffke con Chorale en SteepleChase (Russ Lossing, Michael Formanek y Billy Hart), a mi gusto mejor disco, menos frío y programático que el debut de Alessi y su supergrupo en el sello de Eicher.

Alemania… ECM acaparando mercado en tiempo de crisis, haciéndose con lo más interesante de la escena neoyorquina. Desembarcos recientes como los de Tim Berne (entregó segundo Snakeoil), Michael Formanek, luego Craig Taborn (podría estar en la lista su Chants a trío), ahora para este año, y quitándoselo a ACT, Vijay Iyer es la nueva estrella ECM. ¿Y qué me dicen del frustrado (quizá por su ambición) trabajo de Chris Potter o del estimulante cuarteto neoyorquino (pasa temporadas allí) de Tomasz Stanko? ¿Y del regreso del trío de Keith Jarrett? Somewhere… sometime… in another time… A mí el que me ha sorprendido, siendo mucho más modesto, es el Transylvanian Concert de Lucian Ban y Mat Maneri (venían del proyecto sobre George Enesco), una invitación a soñar con un encuentro entra la música de cámara europea y el protojazz, entre finales del XIX y principios del XX, con matices de folclore (blues o centroeuropeo) e improvisación contemporánea, Duke Ellington y Busoni, Ran Blake cuando el piano se pone sombrío.

Eso me recuerda, y lo pongo en el lector de cedés, los maravillosos duetos que hizo Blake con Anthony Braxton y Enrico Rava, recupérenlos. Ha sido un año de excelentes dúos… Ahora mismo sale el de Angélica Sánchez con Wadada Leo Smith. En diciembre lo hizo el de nuestro (in)combustible contemporáneo, Agustí Fernández, con Ken Vandermark; pero antes fueron los de Mark Feldman y Sylvie Courvoisier, Marilyn Crispell y Gary Peacock (escuchen ambos) o los más especiales de Matt Mitchell con Ches Smith y Myra Melford con Ben Goldberg. 2013, año de la pareja…

ACONTECIMIENTO, NOTICIA…
CF 253En la lista del 2012 destacaba un disco cuyo proyecto he tenido ocasión de ver en directo. El quinteto de cámara electroacústico Particula del portugués -de Oporto- Hugo Carvalhais. Es un concepto que se desarrolla con gran plasticidad y juego cromático a varios niveles descriptivos, basándose en la creación del Cosmos, en el espacio, el silencio y en sus partículas elementales o celestes. Mucho menos sutil, o si lo prefieren con otra “sutileza” más gruesa, es “la cosa” que The Thing XXL (ocho músicos haciendo barbaridades, entre ellos Peter Evans) puso en órbita -más bien arrasó- Lisboa el pasado agosto. ¿Ruido? No, punk marciano… Hablando de dos miembros de The Thing, renovado sonido el de ese engranaje orgánico y cerebral llamado Atomic en There Is a Hole in the Mountain, que pasaron por Madrid y Barcelona.

No soy un avezado lector de poesía, y menos la que tiene ver con el jazz, excepto por la obra de Langston Hughes y la “neoyorquina” de GarcíaPortada: Jazz. Nueva York en los locos años 20 Lorca. Con Fruta Extraña (Fundación José Manuel Lara, edición Vandalia), el profesor de literatura inglesa y norteamericana Juan Ignacio Guijarro selecciona 130 autores españoles y una creación inspirada en el jazz a lo largo de casi un siglo. Una antología que ha sido todo un regalo. Y pese a las críticas que ha recibido, sigo defendiendo Jazz, Nueva York en los locos años 20 (Taschen), pues no se trata de un sesudo ensayo, no es su pretensión; la suya es ilustrar una época y servir de precioso objeto divulgativo. Si quieren un trabajo comparado, mejor El Canon del Jazz (Turner) de Ted Gioa, y verán más abiertas la puertas del periodo neoclásico que se avecina.

A mí se me abrieron de par en par, y reconozco que lo he disfrutado, con el trabajo desenfadado y brillante, con regusto clásico y atrevido de Cécile McLorin Salvant. Con ese apellido y cierta refinación afrancesada, el sur del jazz, Nueva Orleans, está conquistado. A medio camino entre la voz de Sippie Wallace y Sarah Vaughan, la esencia y la refinación que ofrece Woman Child (atención al pianista Aron Diehl) es el mejor antídoto para dejar atrás el 2013. Desde Nueva York, donde fue nominado por la crítica entre los mejores de la temporada, despidió Samuel Blaser el año reformulando su cuarteto y fundando un nuevo proyecto J.A.S.S (John Hollenbeck, Alban Darche, Sebastian Boisseau y él). Con la segunda entrega de Consort in Motion, A Mirror to Machaut, y al margen de acercamientos retóricos que restan personalidad a una obra emancipada, el trombonista suizo descubre nuevos ámbitos de interpretación y composición sobre la música antigua de entre épocas, antes fue el prebarroco de madrigales y ahora la polifonía gótica.

CF 270Ches Smith and Thse Arches – Hammered
Ches SmithPara terminar con mi lista, Ches Smith & These Arches en Hammered, el segundo trabajo de un grupo que aumenta con un miembro más (Tim Berne) y que ya destaqué el año pasado. Se trata de un sonido nuevo y avanzado, de una vanguardia underground que conecta pop-rock, free jazz y composición contemporánea, fronteras de estilo que están mucho más cerca que la distancia que ponen ente ellos los aficionados más conservadores de estas corrientes. Una dimensión nueva (Berne, Malaby, Halvorson, Parkins, Smith) del trío de Ellery Eskelin con Jim Black y, claro, Andrea Parkins. Un disco que hace vudú con las fronteras de estilo, aunque baste mirar la escena en la que se mueve para entender qué músicos son los únicos capaces de hacer esto (que no lo intenten otros).

Ah, lo olvidaba, y John Zorn, el “enfant terrible”, cumplió 60 años… No sé si se dedicará a publicar discos de celebración como cuando cumplió 50… Creo que no. Lo que cambia todo en diez años…
http://www.cuadernosdejazz.com/index.php?option=com_content&view=article&id=2911:opinan-los-criticos-jesus-gonzalo&catid=10:general&Itemid=11

Advertisements

Robert Bush’s best of 2013 list (All About Jazz)

2013 proved to be another banner year for recorded jazz—so much wonderful music—no one could argue that this is a dying art form. These ten recordings stood out in particular.

CF 279Mark Dresser – Nourishments (Clean Feed)

Keith Jarrett – Somewhere (ECM)

Wadada Leo Smith – Occupy The World (TUM)

 

CF 280Nate Wooley – Sit In The Throne Of Friendship (clean feed)

Lucian Ban, Mat Maneri – Transylvanian Concert (ECM)

Mary Halvorson – Illusionary Sea (Firehouse 12)

Michael Formanek – Small Places (ECM)

CF 270Ches Smith – Hammered (Clean Feed)

Tim Berne – Shadow Man (ECM)

Michael Vlatkovich – You’re too dimensional (pfMENTUM)
http://www.allaboutjazz.com/php/article.php?id=46159#.Us54H9JdUud

Time Out Lisboa review by Jose Carlos Fernandes

Um banquete para o espírito

A editora lisboeta Clean Feed continua, indiferente a crises económicas e colapsos do mercado discográfico, a propor acepipes raros. José Carlos Fernandes degustou três lançamentos recentes e ficou confortado

A dimensão de um grupo de jazz nem sempre decorre de opções estéticas ou da disponibilidade e empatia dos músicos – as condicionantes económicas também pesam e, sobretudo no jazz mais afastado do mainstream, dificultam seriamente a sobrevivência prolongada de formações com mais de três ou quatro elementos. É pois com redobrado interesse que se acolhem três discos que dão testemunho da riqueza de combinações que os quintetos e sextetos permitem.

CF 279O contrabaixista Mark Dresser tem uma obra em nome próprio desproporcionadamente breve (quando se atende ao seu enorme talento e experiência) e que é dominada por discos a solo, em duo e em trio. Nourishments (****), gravado por um super-quinteto com Rudresh Mahanthappa (sax), Michael Dessen (trombone), Denman Maroney (piano) e Tom Rainey ou Michael Sarin (bateria), é, pois, peça invulgar. A variedade e generosidade prometidas na recheada mesa da capa são mais que cumpridas no interior: as ideias que desfilam ao longo dos 14 minutos de “Canales Rose” bastariam para sustentar toda a carreira de muitos músicos de jazz que, apesar do prestígio e dos Grammies coleccionados, se limitam a repetir receitas consabidas. Em “Nourishments” Mahanthappa e Dessen engalfinham-se em vertiginosas perseguições sobre secção rítmica ondulante, “Para Waltz” é sereno e melancólico, com Dresser a mostrar a sua arte com o arco, e em “Not Withstanding” o piano preparado de Maroney zumbe como um insecto gigante.

CF 280Depois de construir impressionante currículo como sidemen, o trompetista Nate Wooley estreou-se em quinteto em 2011 com (Put Your) Hands Together. O sexteto que agora se estreia com (Sit In) The throne of friendship (****) não se limita a somar Dan Peck (tuba) a Josh Sinton (clarinete baixo), Matt Moran (vibrafone), Eivind Opsvik (contrabaixo) e Harris Eisenstadt (bateria). As composições e arranjos ganham imenso em elaboração, os instrumentos são emparelhados em combinações invulgares, a tensão e distensão são sabiamente controladas e o resultado exibe uma variedade de cores e texturas dignas de uma orquestra. O CD arranca com uma inspirada recriação do meloso “Old Man On the Farm”, de Randy Newman, que vai sendo tomado pela abrasão e pelo caos; em “Make Your Friend Feel Loved” um post-bop zombeteiro é sequestrado pelo sax barítono de Sinton e convertido numa correria desencabrestada; “My Story, My Story”, é uma ilha brumosa e estática na efervescência dominante.

CF 270Ches Smith & These Arches passaram em 2011 pelo Seixal Jazz e quem não foi ouvi-los ficará arrependido ao escutar Hammered (*****), o segundo disco da formação, que passou, entretanto, a quinteto pela adição do sax alto de Tim Berne. Qualquer grupo gostaria de ter Berne ou Tony Malaby (sax tenor) nas suas fileiras, mas These Arches tem os dois e ainda a guitarra imprevisível de Mary Halvorson, o acordeão e electrónica multiformes de Andrea Parkins e, claro, a bateria irrequieta do líder. Na faixa de abertura, “Frisner”, as fanfarras dementes sobre ritmos quebrados sucumbem à psicose e à adstringência, mas acabam por retomar o tom jocoso, “Wilson Phillip” é a banda sonora de um filme de acção on acid, que acaba por descarrilar e desmantelar-se, a faixa-título é uma máquina implacável propulsionada por riffs demolidores. Que os turbilhões cacofónicos que cruzam a paisagem de Hammered não iludam o ouvinte desatento: esta loucura tem método  e as constantes mudanças de ritmo, colorido e humor são traçadas em papel milimétrico.

Três discos que permitem descobrir travos e aromas diferentes a cada nova degustação.

Le Son du Grisli review by Luc Bouquet

CF 270Ches Smith and These Arches – Hammered (CF 270)
Les questionnements du disque précédent ne sont plus. L’heure est au désordre. Ches Smith est ici le patron d’une entreprise de pillage et de non-sens (presque) absolu. Comme ici, tout va à Zoot Allures, Tony Malaby et Tim Berne, pourtant habitués à vagabonder avant fracas, se retrouvent immédiatement dans la fournaise. Sans préavis et sans chemin tout tracé. Mary Halvorson et Andrea Parkins ne sont pas plus sages, qui prennent part avec gourmandise à ce sabotage volontaire.

Esprits forts et jamais fuyants, cris sans chuchotements, gesticulations et riffs détraqués, les collisions ne peuvent que s’enchaîner. Ici, c’est le clou rouillé dans le talon, le scrupule dans la chaussure, les duels de saxophones mal dosés, les unissons embrouillés. C’est une maîtrise – puisqu’il faut aussi en passer par là – qui ne se prend pas au sérieux. Ici, le sonique ricane de ses habitudes. Ici, les cinq de These Arches ont le bon goût de saboter le bon goût.
http://grisli.canalblog.com/archives/2013/07/12/27567827.html

Jazz.pt review by António Branco

CF 270Ches Smith and These Arches: “Hammered” (CF 270)
Rating: 5/5
Quase três anos depois de um altamente estimulante “Finally Out of My Hands”, na Skirl Records, o baterista Ches Smith volta a reunir o seu projeto These Arches para um disco arrasador.   E isso em grande medida se fica a dever ao alargamento da formação de quarteto para quinteto, com a entrada de um peso pesado do jazz do nosso tempo: Tim Berne. Tudo por uma feliz conjugação de circunstâncias: devido a um conflito de agendas, Tony Malaby viu-se perante a impossibilidade de seguir em digressão com a formação. Para o seu lugar entrou Berne. Com Malaby de novo livre, Smith decidiu adaptar a música ao facto de ter dois sopros (e que sopros!) disponíveis.

No barco mantiveram-se a guitarrista Mary Halvorson e a acordeonista e manipuladora de eletrónica Andrea Parkins. Não só o leque sonoro se abriu com a entrada do saxofonista alto como a própria escrita de Smith evoluiu com base nessa premissa, revelando uma vertente mais contrapontística e a tirar maior partido do xadrez instrumental.   Em “Hammered” – por si só o título quer dizer muita coisa – Smith continua a explorar terreno que lhe tem sido fértil (Good for Cows, Congs for Brums, Secret Chiefs 3, Xiu Xiu): o do cruzamento criativo de elementos provenientes do jazz, da música improvisada e do rock de cariz mais experimental.

Muitas destas peças foram escritas para banda de rock, mas beneficiam claramente por estarem a ser tocadas por este notável grupo de mestres improvisadores. Energia, liberdade e urgência são ingredientes essenciais neste “cocktail” explosivo. Ainda que as rampas de lançamento estejam estruturadas, é evidente o ênfase colocado na improvisação coletiva, o que, com esta mão de obra, faz todo o sentido.

Baterista de largo espetro, Smith sabe ser o fogueiro que alimenta a fornalha para garantir a adequada propulsão, mas também o joalheiro dos finos detalhes. “Frisner” (referência ao baterista haitiano Frisner Augustin, antigo professor de Smith e falecido inesperadamente no início do ano passado) abre as hostilidades em alta rotação e dá o mote para o que vem depois. Impertinência rítmica, sopros em delicioso mano a mano, guitarra e eletrónica pontuando com inteligência esta dança garrida.

Na mesma linha vigorosa segue-se “Wilson Phillip”, homenagem a outro baterista, Phillip Wilson. Escrita para os Ceramic Dog de Marc Ribot, “Dead Battery” acentua as contribuições de Halvorson e Parkins, que se aliam à frente de sopros numa vertigem febril.

Na peça título todos os instrumentos se fundem numa massa caleidoscópica que recircula. Em contraste, “Limitations” é uma miniatura quase sussurrada e de “Learned from Jamie Stewart” (piscar de olho ao vocalista dos Xiu Xiu) brota um bem vindo “groove”. “This Might Be a Fade Out” fecha a refrega numa alternância entre caos e ordem, sobrevindo esta.

“Hammered” não deixa pedra sobre pedra. Excelente.
http://www.jazz.pt/ponto-escuta/2013/05/01/ches-smith-and-these-arches-hammered-clean-feed/

El Intruso review by Sergio Piccirilli

CF 270Ches Smith & These Arches – Hammered (CF 270)

La música es arquitectura congelada (Arnold Schonberg)
En arquitectura un arco es la construcción curva que se apoya en dos pilares o puntos fijos y cubre el vano o apertura que queda entre ellos. El arco es un elemento constructivo –generalmente en forma poligonal o curvada- de gran utilidad para salvar espacios relativamente grandes. Este tipo de edificación se compone de un reducido aparejo de piezas en piedra, ladrillos o adobe -denominadas dovelas- que trabajan a compresión, depositando toda la carga que soporta el arco en los apoyos, mediante una fuerza oblicua que se denomina empuje.

Debo reconocer que mis conocimientos en arquitectura apenas abarcan las ochenta y cinco palabras que acabo de escribir. Por lo general cuando una persona tiene tan precaria sapiencia sobre un tema y conoce sus limitaciones –o al menos posee un mínimo de dignidad- no debe atreverse a dar explicaciones ni sentar cátedra sobre la materia en cuestión; pero está claro que… ése no es mi caso.

Hasta hace algún tiempo –es decir, desde que escribí “En arquitectura un arco es…”- todo lo relacionado con el arte de la construcción era para mí una “gran cosa” compuesta de otras “cosas” que a su vez contenían muchas “cositas”; pero ya me siento suficientemente familiarizado como para hablar con cierta propiedad sobre la historia del arco, los principios científicos en los que se funda e incluso desplegando un vocabulario que me permite reemplazar lo que hasta hace poco eran “cosas” por una terminología que incluye léxicos y frases tales como arbotante, contrafuerte, sistema de arriostramiento, estructura hiperestática de tercer grado, etc., etc., etc. En definitiva –y para no irnos por las ramas-, resulta obvio que un contacto frecuente con una “cosa” tarde o temprano nos permitirá identificar de qué se trata. Por ejemplo, si usted en lugar de estar en contacto con su perro todos los días se encontrara hoy con él por primera vez, lo percibiría como una “cosa” o quizás pensaría que se trata de una especie de gallina con hocico y cuatro patas. Se entiende el concepto, ¿no?

De regreso a nuestra disertación sobre el arco, cabe consignar que su presencia en la historia de la construcción abarca un período de seis mil años. Los primeros registros de este arquetipo de edificación provienen de la arquitectura mesopotámica; de allí, se transmite luego a Europa mediante su uso en el Imperio Romano hasta alcanzar su máximo esplendor con los constructores medievales. Sin embargo, hoy se sabe (o por lo menos yo acabo de enterarme de eso hace unos instantes) que el funcionamiento del arco no fue comprendido científicamente sino hasta el primer tercio del siglo XIX, lo que equivale a decir que para su diseño en la antigüedad se empleaban métodos empíricos, la intuición y modelos geométricos sin inspiración científica.

Con el advenimiento de las teorías modernas se ha podido entender que un arco funciona como un conjunto de elementos que transmiten cargas hasta los muros o pilares que lo soportan haciendo que las dovelas vayan empujándose entre sí -transmitiendo las fuerzas verticales y convirtiéndolas en un componente horizontal- hasta establecer un sistema de equilibrio.

Lo cierto es que buena parte de estos principios (la transmisión de fuerzas, el empuje, la transformación de los componentes, el equilibrio, los puntos de apoyo, etc.) parecen oficiar de explicación descriptiva sobre los motivos que llevaron al baterista y compositor Ches Smith a denominar su banda como These Arches (“Estos Arcos”).

La actualidad muestra a Ches Smith comprometido en un sinfín de propuestas simultáneas, ya sea integrando bandas de inocultable vigencia y rigor creativo como Tim Berne’s Snakeoil, Mary Halvorson Trio & Quintet, Ben Goldberg’s Unfold Ordinary Mind y Marc Ribot’s Ceramic Dog, entre otras; o bien encabezando sus propios proyectos como Congs for Brums y el que nos ocupa en este comentario: Ches Smith & These Arches.

La idea de este emprendimiento –cuyo debut discográfico tuvo lugar en 2010 con el álbum Finally Out of My Hands- ocupa un “arco” de fuentes musicales diversas que van desde la improvisación libre al heavy-rock pasando por múltiples formas asociadas a la avanzada jazzística del nuevo milenio.

En ese contexto queda claro que Ches Smith, al igual de lo que sucede con un arco, encontró la forma de salvar el espacio abierto entre las aspiraciones estéticas que lo animan y su respectiva implementación, mediante puntos de apoyo representados aquí por los miembros de su banda (originalmente en cuarteto con su líder en batería, Tony Malaby en saxo tenor, Mary Halvorson en guitarra y Andrea Parkins en acordeón y electrónicos y ahora devenido en quinteto con la estelar incorporación de Tim Berne en saxo alto).

Del mismo modo en que el prestigioso arquitecto italiano León Baptista Alberti aconsejaba que las dovelas –parte esencial en la construcción de un arco- fueran de “gran tamaño y muy similares entre sí”; Ches Smith tuvo el buen tino de sumar en este proyecto a músicos de innegable prestigio, con intereses estéticos equivalentes e idénticas aptitudes para moverse idóneamente en el intrincado territorio donde convergen la improvisación y la composición.

En la construcción de todo arco existe una pieza esencial denominada clave o dovela central que encaja entre las contra-dovelas –mediante un proceso de martillado- para cerrar y fortalecer el arco, evitando así su desplome. Pues bien, en ese juego de analogías entre los aspectos que distinguen la propuesta de Ches Smith & These Arches y el funcionamiento del arco, no debe sorprender que su nuevo álbum se titule Hammered (en inglés, “Martillado”) ya que a todas luces parece cerrar (y fortalecer) la construcción del “arco estético” iniciado en su debut discográfico.

Hammered, en relación a su predecesor, se muestra mucho más directo, poderoso y desarrollado pero deja entrever con inusitada claridad que su núcleo composicional esta aposentado en el rock pero especialmente concebido para ser interpretado por este grupo de improvisadores en particular.

El álbum abre con el intrincado y polisémico Frisner, pieza cuyo título refiere al legendario baterista haitiano e ícono de la tradición vudú Frisner Augustin y de quien Smith fuera discípulo. Aquí los saxos de Tim Berne y Tony Malaby se entrelazan para expandir los límites del mapa sonoro de la pieza, mientras la guitarra de Mary Halvorson y la batería de Ches Smith -a la manera del puntillismo en la pintura- van ofreciendo intersecciones aisladas que parecen eludir deliberadamente una secuencia lineal para finalmente hilvanarse en las imaginativas texturas provistas por Andrea Parkins en electrónicos.

El apasionado temperamento que exuda Wilson Phillip sirve para rendir tributo al notable baterista estadounidense y miembro fundador del Art Ensemble of Chicago y la Paul Butterfield Blue Band: Phillip Wilson (de hecho, el ritmo principal aquí extrapola una cadencia que Wilson aportara al álbum de Julius Hemphill Dogon A.D. de 1972); en tanto que el deliciosamente anárquico Dead Battery –en origen compuesto por Smith para el Marc Ribot’s Ceramic Dog- evoluciona a través de un crescendo alternado por cíclicos segmentos de improvisación libre.

Luego sobrevienen la visceral, infartante y adictiva impronta heavy-rock de Hammered; el intermedio minimalista del difuso e inquietante Limitations y las caóticas exuberancias sonoras de Learned From Jamie Stewart, tema cuyo título alude al vocalista de Xiu Xiu, junto a quien Ches Smith & These Arches tienen planeado hacer próximamente un álbum en tributo a la cantante Nina Simone.   El entusiasta empaque de Animal Collection repite la estructura fundacional del tema que da título al álbum pero orientándola al groove y adosándole armonías provenientes del prog-rock; en tanto que el tema de cierre -This Might Be a Fade Out- es una especie de collage de sucesivos pasajes terminados en fade.

El “arco” de ideas pergeñadas por Ches Smith para dar vida a Hammered están llenas de vivacidad y expresan una inquebrantable vocación por alcanzar territorios sonoros inexplorados; pero además queda claro que su líder tuvo la suficiente inteligencia para apoyar sus ideas en músicos idóneos y comprometidos con el proyecto.

Es decir que supo imaginar el arco que sostiene al puente pero sin perder de vista la importancia de cada una de sus partes, recreando así –tal vez impensadamente- aquel memorable diálogo entre Kublai Jan y Marco Polo que dice:
– ¿Cuál es la piedra que sostiene el puente?
– El puente no está sostenido por esta piedra o por aquélla sino por la línea del arco que ellas forman.
– ¿Por qué me hablas entonces de piedras? Lo único que importa es el arco.
– Sin piedras no hay arco.
http://elintruso.com/2013/03/23/ches-smith-these-arches-hammered/

Point of Departure review by Troy Collins

CF 270Ches Smith and These Arches Hammered  (CF 270)
Among the many notable creative improvising musicians currently based in New York, there are remarkably few whose purview includes significant collaborations with veterans of the fabled ‘80s and ‘90s Downtown scene. Ches Smith is one such artist, a powerful yet unassuming drummer whose resume includes impressive sideman work with Tim Berne and Marc Ribot, collaborations with contemporaries Mary Halvorson and Darius Jones, and membership in the avant rock bands Secret Chiefs 3 and Xiu Xiu. These Arches is Smith’s flagship ensemble, an unconventional bass-less unit no less unusual than Good for Cows, his longstanding duo with bassist Devin Hoff, or his solo percussion endeavor Congs for Brums.

These Arches features an intriguing multi-generational lineup, pairing seasoned accordionist/electronics wizard Andrea Parkins and ubiquitous guitar prodigy Halvorson with renowned alto saxophonist Berne and industrious tenor player Tony Malaby. Berne has proven to be visionary in his choice of younger collaborators; Jim Black, Chris Speed and Craig Taborn have all gone on to great acclaim following their tenure in Berne’s pre-millennial projects. Returning the favor, Berne has served as a sideman for some of his most compatible associates, including Smith.

The recent addition of Berne to the original four-piece roster amplifies the quintet’s fervency, simultaneously creating a conceptual link to the post-modern Downtown aesthetic that Berne helped shape with peers like John Zorn. Smith’s quixotic writing is reminiscent of the eclectic genre-splicing that defined the early Knitting Factory scene, although his stylistic juxtapositions are more organically cohesive than those of his predecessors. Despite the subtly diverse nature of the program, the individual tunes exhibit melodic similarities, lending the date a unified sensibility.

Reinforcing its title, Hammered traffics in somewhat heavier territory than the group’s 2010 Skirl debut, Finally Out Of My Hands. Most of the pieces were originally written for a rock-oriented lineup, a detail that’s readily apparent in the dramatic title track, which provides an excellent example of Smith’s sensitivity to dynamics. The number’s infectious theme is fashioned from nuanced variations on a soaring metallic riff driven by stop-time rhythms, bookending a series of divergent episodes that veer between swaths of coruscating noise, aleatoric pointillism and deft call and response.

Despite being chart-driven, the open structures underlying Smith’s labyrinthine compositions facilitate a wide range of individual interpretations. Dense, collective improvisations are counterbalanced by brief unaccompanied soliloquies and intimate duets, resulting in a fascinating array of detours, including Parkins and Halvorson’s pensive exchanges with Smith at the end of “Wilson Phillip” and the saxophonists’ sinuous interplay on “Learned From Jamie Stewart.”

The band’s intuitive chemistry also spurs their communal rapport. Together Parkins and Halvorson weave a phantasmagoric web of sound, underpinning the proceedings with a bevy of kaleidoscopic textures that range from skirling distortion and whirling fuzztones to chirpy percolations and glitchy bleats. Berne and Malaby, whose simpatico dialogue is further enriched by the tonal contrast between the former’s urbane precision and the latter’s folksy expressionism, make a suitably compelling frontline, capable of hushed lyricism to trenchant histrionics.

In light of such heavyweight company, it would be easy to take the leader’s sterling contributions for granted; his understated virtuosity eschews grandstanding pyrotechnics, driving his bandmates with concision and focus. Though the interpretive prowess of Smith’s collaborators is a key factor in the success of Hammered, their contributions are equally reliant on the malleability of the leader’s accessible writing. By gracefully incorporating everything from catchy post-punk themes to rousing Balkan-inspired motifs into a hybridized new standard, Smith successfully advances the erratic post-modern innovations of the recent past.
http://www.pointofdeparture.org/Pod43/PoD43MoreMoments5.html