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El Intruso review by Sergio Piccirilli

Lawnmower – West (CF 178 )

Calificación: A la marosca

Busca y encontrarás, lo que no se busca permanece oculto (Sófocles)
El arte es siempre un canal de conexión entre el universo exterior del artista y su mundo interior. La captación de ese todo unificado puede manifestarse en tres dimensiones fundamentales de la sensibilidad: la apertura hacia lo diferente que mora en el mundo exterior, la fuente del sentido que reside en la construcción interior de lo percibido y la exploración interior liberada mediante diversas formas de expresión. Esa búsqueda por revelar lo oculto que impulsa al artista, puede tomar vida y manifestarse de un modo trascendente a través de su obra. No obstante, en el devenir creativo no resulta sencillo poseer un sentido de lo universal que permita descifrar los signos transcendentes de los tiempos, sobre todo cuando nos enfrentamos en la actualidad a un paradigma cultural que parece darle la espalda a lo interior. La búsqueda del artista por trascender es un infrecuente contacto con el alma humana que nace de un principio de necesidad interior. Ese extraordinario objetivo que alberga en cada artista se encuentra mucho más cerca de lo que pensamos, ya que su fuente no está únicamente asociada a inalcanzables postulados estéticos o en los ademanes ampulosos de la sabiduría infinita, sino también en las propiedades emocionales de cada uno de nuestros actos, en la experimentación de lo mundano, en los silenciados sacrificios que nos impone la vida cotidiana.
El arte es una exploración interior; pero esa exploración, aunque parezca un juego de palabras, también es un arte en sí mismo y su cabal entendimiento, como decía Carl Jung, es similar a “tender un puente entre el conocimiento intelectual y conceptual y el conocimiento inmediato y vivencial”. La búsqueda interior y la necesidad artística, la experiencia y el saber acumulado, lo transcendente y lo mundano, pueden reunirse excepcionalmente en la obra de un artista.

Algo de todo eso parece encajar con el enunciado estético representado en West, el álbum debut de Lawnmower. En este trabajo su líder, el baterista y compositor Luther Gray, manifiesta en cada gesto la búsqueda de un sonido interior y una voz propia que enhebre la aspiración artística con lo meramente experiencial. Así es como la plástica de la banda recoge los diferentes hábitos adquiridos en su carrera musical, desde el temprano paso por el punk con Tsunami a sus colaboraciones orientadas al jazz en las bandas de Joe Morris y Steve Lanter pasando por el tránsito en el campo de la libre improvisación junto a luminarias de la música creativa como Anthony Braxton, Steve Swell, Ken Vandermark, Taylor Ho Bynum, Fred Anderson y Joe McPhee, entre otros. Sin dejar de mencionar al álbum New Salt de 2005 en donde participaron tres de los cuatro integrantes deLawnmower (el baterista  Luther Gray y los guitarristas Geoff Farina y Dan Littelton); antecedente cuyos afanes artísticos parecen haber completado el ciclo de su evolución musical con la incorporación del saxo alto, y miembro fundador de la notable Fully Celebrated Orchestra, Jim Hobbs.

En el análisis del cuadro de situación en que se funda este proyecto resulta imposible eludir el extravagante nombre adoptado por el cuarteto, ya que Lawnmower (en inglés, cortadora de césped) no parece ser una denominación de sencilla aplicación para un grupo que orbita los contornos del jazz, el rock, el post-punk y el folk alternativo. Sin embargo, una mirada más profunda puede permitir el hallazgo de puntos de contacto en términos de ilación de conceptos.

En la denominación de una banda siempre subyace un enlace con los antecedentes practicados por sus miembros. Así es como un músico que durante su etapa formativa trabajó en la guardia de un hospital podría llamar a su primer experiencia grupal Traumatismo de Cráneo y triple fractura expuesta de tibia y peroné; o alguien que subsidió su carrera musical vendiendo electrodomésticos elegiría para su banda nombres tales como La Licuadora o El Lavarropas o La cocina de cuatro hornallas con encendido eléctrico (lo que esté en oferta).
En relación al caso que nos ocupa debemos señalar que Luther Gray asegura haber invertido muchas horas escuchando música mientras cortaba el pasto, de allí la proveniencia del nombre Lawnmower. Confesión que seguramente haría muy feliz al ingeniero Edwin Beard Budding, quien al patentar la cortadora de césped en 1830 afirmó que su invento haría “que los caballeros del campo, al usar mi máquina, estén realizando un ejercicio, útil y saludable”.

En concordancia con lo expuesto podemos atestiguar que escuchar el álbum debut de Lawnmower también es un “ejercicio, útil y saludable” pero que tiene la ventaja de no requerir para su disfrute que seamos “caballeros del campo” o que para su goce debamos usar una maquina de cortar pasto. Y si no me cree, escuche música en una cortadora de césped y después me cuenta. Lawnmower, en el álbum West, testimonia una declaración estética clara, convincente y muy personal, ornamentada con una infrecuente paleta sonora fundada en batería, dos guitarras eléctricas y saxo alto que le otorga una pátina de incontrastable originalidad a su alineación tímbrica.

Esas características se manifiestan y potencian desde la apertura con One, pieza en la que se distinguen los difusos contornos de un ambiente rural signado por la melancolía, la soledad y una atrapante sensación de pesadumbre. Mientras la aparentemente lábil batería de Luther Gray ofrece inquietantes matices, las guitarras de Geoff Farina y Dan Littelton construyen un envolvente entramado armónico estratégicamente embellecido por el dramático ascenso dinámico que dibuja el siempre atinado saxo de Jim Hobbs.

Glasstambién recorre una senda de atmósferas opresivas, tensiones subyacentes e intensidades contenidas pero adornada con inasibles ecos orientales que parecen retumbar en los confines de la música de los Apalaches. Un imaginativo mosaico sonoro que enlaza los circunspectos trazos que emanan de la batería y las guitarras con el sobrecogedor lamento que emerge del saxo.

Prayers of Deathrecuerda la evocación de la música country que suele caracterizar a algunas composiciones de Bill Frisell; pero mientras estas últimas permiten imaginar a un vaquero sonriente, recién salido del coiffeur y doctorado en Oxford, en la aproximación de Lawnmower se visualiza uno abandonado a su suerte, andrajoso, solitario, rebelde y, por ende, mucho más creíble.

Giant Squid(en inglés, Calamar Gigante), al sumergirse en las profundidades de un desconocido y frenético paisaje sonoro, parece hacer honor a su título. Una colisión de perturbadoras disonancias e insólitas armonías en donde el saxo alto resulta la única “voz” humana que logra emerger a la superficie.

En las sombrías texturas de la opresiva y a la vez frágil atmósfera de Dan se enfatizan aspectos estructurales, cromáticos y formales que, a la manera del arte abstracto, eluden imitar modelos o formas naturales. Mientras que en la etérea I Love, los sutiles trazos de la batería de Luther Gray, el inquietante bloque sonoro de las guitarras de Geoff Farina y  Dan Littleton y la soberbia enunciación melódica del saxo de Jim Hobbs se funden en una embriagante danza de extraña belleza. Finalmente, Two oficia como una especie de secuela expandida y optimista del tema de apertura pero atravesado por ruidos ambientales que asemejan el sonido de (claro está) una cortadora de césped.

Lawnmowerdespliega una asombrosa aptitud para crear imágenes cargadas de tensión, limita el efectismo a momentos claves y apela a la sugerencia antes que a impactar con determinados recursos, haciendo que las propiedades emocionales de cada tono respondan a un juego de la imaginación en donde las formas musicales parecen entrar en contacto con el alma humana.

La deuda que tenemos con el juego de la imaginación es incalculable (Carl Jung)
http://www.elintruso.com/article.php?id=1841

Burning Ambulance review by Phil Freeman

LAWNMOWER – West (CF 178)
This group is a collective that started out as a trio. Under the name New Salt, drummer Luther Gray and guitarists Geoff Farina and Dan Littleton released a self-titled album in 2005. Though I haven’t heard that album, reviews suggest it was more spacious and post-rock than this one. The addition, on West, of alto saxophonist Jim Hobbs (like Gray, a frequent collaborator with guitarist/bassist Joe Morris) takes the music into a seething, blues-punk/skronk-jazz realm.

The disc doesn’t put the two guitarists in separate stereo channels, or identify who’s playing what in any other way. From one angle, that’s a little annoying, but from another, it helps unify the group as a single sonic entity. It doesn’t really matter either way, though, because as the disc opens, they’re both working in a gritty, electric blues-rock idiom. Not in the macho, thudding manner of Free, Foghat, Humble Pie etc. (all of whom I love), but something more alt-rockish and attenuated. “One,” the first track, is a slow-burning blues over which Hobbs takes harsh, almost Albert Ayler-esque solos. On the second track, “Glass,” the guitarists are quieter, but Hobbs gradually builds up to some sandpapery, Peter Brötzmann-like shrieks.

“Prayer of Death” finds one guitarist playing a folky melody over and over, like a cross between Bill Frisell and a very quiet Sonny Sharrock, as Hobbs takes another fierce solo full of abstraction and disorienting noisiness. “Giant Squid” is the most abstract and aggressive track of all, with one guitarist heading into Pete Cosey territory while the other lands somewhere between Caspar Brötzmann and Sonic Youth’s Thurston Moore. Hobbs plays it fairly straight on this one, opting for high-speed runs rather than waves of skronk—it’s the only time the guitarists manage to muscle him aside. “Dan” is eight minutes of near-silence, drones and the occasional rubbed cymbal. This leads into “I Love,” which offers more drones, but some lovely, if occasionally raucous, ballad playing from the sax. And on the album’s final track, the near-fifteen-minute “Two,” we’re back to the twanging country blues of “One”—straight-up Ry Cooder shit from the guitars, with Hobbs playing lines that are just slightly off, setting the listener’s teeth on edge in a good way. In the piece’s final stretch, one guitar sets up a loud drone almost worthy of Sunn O))), as the saxophone gets all Ayler-ish again.

I see I haven’t talked about Luther Gray’s contributions. Well, he’s got no bassist to lock in with, which forces him to either assert himself with blast beats and clattering snare rolls or be a nuanced accompanist inserting minimalist rhythms behind the slowly cycling guitars. He chooses the latter path throughout, and it ties the album together extremely well. This is a great record, too skronky and assertive for casual listening but fascinating and unique.

1. Do I foresee myself listening to this record again? Definitely.

2. Should you buy this record? Absolutely.
http://burningambulance.wordpress.com/2010/05/18/31-days-of-album-reviews-18-lawnmower-west/